jueves, 25 de junio de 2009

PRUEBAS DE SELECCION

Llega el verano, época de playita chiringuitos quemaduras de tercer grado,medusas asesinas al acecho de ancianas untadas en cremas antiarrugas,niños piraña armados con pala y cubo intentando construir un Buckingham Palace, retozando en la orilla como croquetas de arena,el morito molón que te vende la película del momento pero se ve como el culo,o el Cristiano Ronaldo de turno envuelto en una montaña de oro y una fragancia a pachuli que anestesia a todo aquel que osa interponerse en su camino,esta bonita estampa made in Benidorm, esta aliñada por la típica canción del verano, llamase Bomba Macarena o asereje a ja a piripiri pa, por desgracia nuestros futuros Iluminados son apartados de intimar con este micricosmos veraniego,ya que cuando nos adentramos en estas fechas,nuestros candidatos a entrar en el Club, pasan unas duras pruebas tanto físicas como mentales,el premio llegar a la mesa de votación final, muchos no llegaran pero se dejaran el alma ,con el fin de ser un Iluminado de pleno derecho ¡mucha suerte chicos el castillo os espera!
A continuación algunas de las pruebas del año pasado filmadas con cámara oculta.

lunes, 22 de junio de 2009

LA COSA NOSTRA

En 1974 un hecho histórico se produjo en el Calcio, aquel año la Lazio de Roma ante la sorpresa generalizada, se alzo con el único Scudetto de toda su historia, aunque lo verdaderamente sorprendente es la historia que se esconde detrás de ese vestuario.
Se trataba de un vestuario corrupto,violento,lleno de mafia y matones.

En las taquillas del vestuario de la Lazio de Roma era frecuente ver cómo muchos de sus futbolistas llevaban pistolas, navajas, machetes y alguna que otra escopeta, al punto de que aquel escenario era más propio de un cuartel militar o de un arsenal del ejército, más que un simple lugar donde guardar las botas o el frasco de linimento. Además, dentro de aquellas cuatro paredes, de puertas para adentro, el clima del vestuario laciale era de guerra civil. Existía una división entre dos clanes. El primero estaba liderado por Giorgio Chinaglia, un delantero tan carismático como peligroso. Un ariete de malas pulgas, ideología fascista y un irrefrenable impulso por las armas de fuego. El otro clan era liderado por Gigi Martini, todo corazón y nervio, que tampoco escatimaba en recurrir a la violencia cuando era necesario. La mayoría de los futbolistas de la Lazio provenía del ambiente militar, de brigadas paracaidistas o de grupos radicales de ultraderecha. Cuenta la leyenda que el enfrentamiento era tan feroz entre los dos grupos, que los partidillos de entrenamiento eran auténticas finales. Se sabía a qué hora empezaban, pero no cuándo terminaban. Jugaban, jugaban y jugaban…hasta que la cosa solía quedar resuelta en empate y los dos bandos estaban algo satisfechos por haber salvado su honor. Eran dos equipos en uno, pero como confesaba uno de sus integrantes, Vicenzo D’Amico, dentro del campo todos dejaban de lado sus diferencias y hacían causa común contra el enemigo. La Lazio era una jauría humana, que fuera del césped se amenazaba de muerte, y que dentro del campo eran una hermandad de ángeles del infierno.

- Llevábamos pistola casi todos - relata D’Amico- y había dos equipos distintos, ni nos veíamos en los hoteles. Si un grupo ya había utilizado un secador de pelo, por ejemplo, el otro no se atrevía ni a tocarlo. Eso sí, en el campo éramos sólo un equipo. Si en un partido alguien le hacía daño a Chinaglia o Wilson, que eran de su clan, Martini y los suyos se comían al que lo hubiera hecho. Luego, durante la semana, ni nos hablábamos.

En mitad del fuego cruzado del vestuario sobrevivía, y con cierta autoridad, el entrenador, Tommasso Maestrelli. Su fórmula para ser querido y respetado en el vestuario era muy sencilla. Cuando conversaba a solas con Chinaglia, le decía que era el líder del grupo. Cuando charlaba con Martini, le decía lo mismo. El abuelo Maestrelli era el apagafuegos de aquel grupo de jóvenes salvajes, de unos futbolistas que fuera de los terrenos de juego eran casi delincuentes, y que no respetaban ni a nada ni a nadie, empezando por ellos mismos. Maestrelli, más un policía que un entrenador, no sólo realizaba esfuerzos titánicos para mediar entre la facción de Martini y la de Chinaglia, sino que ejercía también como padre de los más jóvenes. Les guiaba dentro y fuera del campo, les confiscaba las armas si las veía, le aconsejaba que no bebieran en el vestuario e incluso les llegaba a esconder el dinero, para que no lo malgastaran comprando licores o estupefacientes. Gracias al venerable Maestrelli, la sangre nunca llegaba al río, y las dos facciones nunca acabaron por destrozar el nombre de la institución, sino todo lo contrario. El pique insano de ambos bandos era, precisamente, lo que estimulaba a unos y otros para hacer a la Lazio aún más competitiva. Con el profesor Tommaso Maestrelli apretando las tuercas del bando de Martini y del bando de Chinaglia, la Lazio firmó unos números de escándalo en la temporada 73-74. Le birló el Scudetto a la Juventus, entonces el gran favorito al título, ganó 18 partidos de 30, sólo encajó cinco derrotas en toda la temporada y su goleador, Giorgio Chinaglia, acabó como capo cannoniere. Aquella Lazio mítica estaba integrada por once nombres propios que pasaron a la historia del Calcio: Pulici; Petrelli, Martini, Wilson, Oddi, Nanni, Garlaschelli, Re Cecconi, Chinaglia, Frustalupi y D’Amico. Once gladiadores, once rebeldes, once locos, once pistoleros, que sólo obedecían la voz de su entrenador, Maestrelli.

Después de aquel milagroso éxito, la todopoderosa Juventus llamó a las puertas del profesor Maestrelli y le ofreció muchísimo dinero por abandonar la Lazio, pero Don Tommassino jamás se marchó de Roma. Siguió cuidando de su ‘grupo salvaje’, firmó a una promesa, Giordano, que acabaría por dar tardes de gloria al club, y preparó con esmero la Copa de Europa. Sin embargo, los caprichos del destino acabarían con los planes de Maestrelli. Los graves incidentes ante el Ipswich Town echaron a la Lazio de la competición europea, y justo entonces, después de aquel golpe, sobrevino el mazazo definitivo. Durante un partido, el técnico de la Lazio empezó a sentir un dolor insufrible en el estómago, y tuvo que ser atendido por los médicos. Después del chequeo, los doctores diagnosticaron que Maestrelli tenía un tumor maligno irreversible, y que debía abandonar el banquillo, porque le quedaban apenas tres meses de vida. Don Tommasino, el profesor de la Lazio, se vio obligado a abandonar al equipo, y se le buscó un sustituto. Sin embargo, el entrenador más humano de toda Italia no se dejó vencer así como así por su enfermedad. La habían dado sólo tres meses de vida, pero se aferró a ella con todas sus fuerzas y aguantó un año y medio entre los vivos, el tiempo suficiente para ver cómo la Lazio salvaba la categoría. Maestrelli, el hombre que unía al vestuario de su equipo, fallecía el 2 de diciembre de 1976. Sin él, sus jugadores no volverían a caminar por la senda del triunfo.

Para el resto del ‘grupo salvaje’ de aquella Lazio hubo un antes y un después de la muerte de Don Tommassino, y muchos de ellos tuvieron diferentes suerte en sus vidas cuando decidieron colgar las botas. El más agraciado fuera de los terrenos de juego ha sido Vicenzo D’ Amico, el niño prodigio que Maestrelli hizo brillar en los años setenta. D’Amico, que era el fantasista del grupo, pasó toda su vida en la Lazio, jugó sus últimos partidos en el Ternaza y a día de hoy es el comentarista estrella de la Radio Televisión Italiana. A otro que no le fue nada mal fue a Joseph Pino Wilson, hijo de un oficial de la Marina británica establecido en Nápoles, un tipo que compartía el gusto por la violencia de sus compañeros de equipo, pero que tenía la cabeza mejor amueblada. Después de ganar el Scudetti con la Lazio, abandonó el fútbol y se licenció en Derecho. También tuvo futuro como picapleitos otro símbolo de la Lazio, el portero Felipe Pulici, que acabó ligado a los servicios jurídicos del club, y que no tuvo una decorosa salida cuando estalló el caso de la extraña nacionalización del argentino Juan Sebastián Verón, con Sergio Cragnotti como presidente. Por otro lado, a uno de los capos del vestuario, al lateral izquierdo Gigi Martini, enemigo mortal de Chinaglia, al que amenazó de muerte en varias ocasiones, todo le salió como había planeado. Martini siempre había sido un tipo que presumía de tener inquietudes políticas, así que después de abandonar la práctica del fútbol, se dedicó en cuerpo y alma a su gran pasión, consiguiendo ser parlamentario de la fuerza Alianza Nacional, un grupo de ideología neoposfascista.

A uno de los que le fue bastante peor fue a Mario Frustaluppi, mediocentro de aquel equipazo en el campo y aquella banda armada fuera del terreno de juego. Brilló en la Lazio en los años setenta como alma del club, junto a estrellas como Chinaglia, pero no tuvo una buena salida de Roma y acabó siendo traspasado al Cesena primero y al Pistoiese después. Después de varias lesiones, se retiró del fútbol en 1981. Sólo nueve años después, Frustaluppi sufría un accidente de tráfico y fallecía a consecuencia de las graves heridas. Sólo tenía 48 años.

El que nunca supo encontrar su lugar en el mundo al margen del fútbol fue el más ilustre pirata del vestuario, el delantero Giorgio Chinaglia. Un hombre violento, duro, de comportamiento casi mafioso, que Guy Chiappaverti, prestigioso periodista italiano y autor del libro Pistolas y Balones, definió así: ‘Chinaglia, más conocido como ‘Long John’ fue el corazón de aquel equipo de locos, salvajes y sentimentales, simpatizantes fascistas, pistoleros y paracaidistas, jugadores de azar y bailarines de club nocturno, con dos vestuarios; quien entraba en la habitación errónea corría el riesgo de encontrarse con la amenaza de una botella rota bajo el cuello”. Después del campeonato de 1974, donde Chinaglia fue una máquina de hacer goles, ‘Long John’ se decidió por ver el color del dinero y aceptó abanondar la Lazio antes de tiempo para iniciar una aventura en la Liga de Estados Unidos, para promocionar el soccer. Pasó unos años en el famoso Cosmos de Nueva York, donde mantuvo otra guerra de egos en el vestuario, junto a Edson Arantes Do Nascimento, Pelé, o Franz Beckenbauer, entre otros. Tras colgar las botas, ‘Long John’ Chinaglia decidió convertirse en hombre de negocios. Aunque sus negocios, turbios, y oscuros en su mayoría, resultaron casi siempre un fracaso. Chinaglia, que seguía siendo un mito para los hinchas radicales del club, llegó a hacer una oferta de compra por la Lazio, aunque al final todo resultó ser un fraude total y un intento de especulación para quedarse con el club. La Justicia tomó cartas en el asunto, investigó las conexiones de Chinaglia con los hinchas fascistas de la Lazio y descubrió que varios de esos aficionados, en el nombre de Chinaglia, habían extorsionado y amenazado a las esposas del entonces presidente y entrenador de la Lazio, con el único objetivo de conseguir que vendieran el club a toda costa. A día de hoy, Giorgio ‘Long John’ Chinaglia sigue teniendo cuentas pendientes con la Justicia, está en busca y captura y está en paradero desconocido. Eso sí, sigue llevando consigo, según dicen, a su inseparable compañera. Una pistola Mágnum del 44. La misma que solía llevar al vestuario de aquella Lazio que ganó el Scudetto.

El peor parado de todos los componentes del ‘grupo salvaje’ de la Lazio fue Luciano Re Cecconi, un futbolista de gran talento conocido como L’ Angelo Biondo, El Ángel rubio. Sólo tres años después de que el conjunto laciale consiguiera su único campeonato de liga en toda su historia, la tragedia llamó a la puerta de El Ángel Rubio. Todo ocurrió cuando Re Cecconi y su compañero de equipo Ghedin - famosos en el vestuario por su sentido del humor- decidieron gastar una broma pesada a uno de sus íntimos amigos, Bruno Tabocchini, dueño de una joyería. Ambos futbolistas entraron en la joyería por sorpresa, y gritaron siete palabras que acabaron por ser fatales:

- ¡Arriba las manos, esto es un atraco!

El joyero, que estaba de espaldas, se sobresaltó por el grito, buscó una vieja pistola modelo ‘Walter’ que guardaba en el mostrador y se volvió, enfurecido, tratando de defenderse del supuesto asalto a su negocio. Taboechini se giró, abrió fuego y llenó de plomo a Re Cecconi, que murió en el acto. Aquella broma le costó la vida al jugador de la Lazio, cambió para siempre la vida de su compañero de vestuario, Ghedin, y se convirtió en una pesadilla que persiguió, de por vida, los sueños del joyero Taboechini, hincha confeso de la Lazio. La muerte de Luciano Re Cecconi, El Ángel Rubio, estremeció a toda Italia.

Aquella banda armada de salvajes, aquel equipo de paramilitares, aquella Lazio de Roma, ganó en 1974 el Scudetto. Lo hicieron en mitad de una guerra civil que libraban en su propio vestuario, en cada entrenamiento, en cada concentración. Acaso una de las primeras ecuaciones del germen del fascismo en los estadios italianos, la historia de aquella Lazio, las aventuras y desventuras de sus protagonistas, sigue siendo uno de los fenómenos más extraños de la historia del fútbol. Aquella Lazio, campeona de Italia, vivió subida a un terremoto de pasiones, violencia y fatalidad.

Nombramos a la Lazio 1974 por mayoría Iluminados de pleno derecho,no se a aplaudido, ni recibido de buen grado a unos personajes de tal calaña,aunque lo cierto esque la luz esta muy presente en su historia,Cantona les dará la bienvenida en persona,apretándoles la mano uno a uno,en la cocina tendrán café caliente y galletas recién salidas del horno,eso si un extenso grupo de seguridad se encargara de que no entren ni una sola arma,ni insignia ni emblema ¿Capito?

sábado, 20 de junio de 2009

LIVERPOOL FC ILUMINADOS DEL MES

Merecido premio para un equipo de leyenda, la luz lo a vestido de gloria por mayoría de votos, el salón principal se a puesto sus mejores galas,y todos nuestros Iluminados han rendido un caluroso homenaje a los Reds, Steven Gerrard a la cabeza a recogido de manos de Vinnie Jones el espectacular trofeo acreditandolos Iluminados del mes, acto seguido a dedicado una palabras a todos aquellos que an puesto su grano de arena para engrandecer el Club, estén o no estén entre nosotros.
El alcohol a corrido durante toda la noche, miles y miles de litros han empapado el castillo,Liverpool fc nunca caminaras solo.

domingo, 31 de mayo de 2009

PEP SALVADOR

Articulo de Ramón Besa (El Pais)
Una sombra de tristeza recorre la mirada de Dolors cuando recuerda la fecha: "El 4 de septiembre de 1984 se lo llevaron", pronuncia con precisión. Es el día en que el fútbol le arrancó a su hijo de sus brazos, cuando Josep apenas tenía 13 años. El día en que el Barça acogía en su seno a un chaval enclenque y pequeño con escasa pinta de futbolista. El día en que Josep Guardiola Sala ingresaba en La Masía, la factoría de futbolistas blaugrana, colgado de una bolsa que abultaba más que él. El club daba entrada al que con los años, como jugador, se convertiría en símbolo; al que, como entrenador, va camino de convertirse en mito.

Llegó a La Masía acompañado por sus padres y por Pere, su hermano pequeño. Les enseñaron las instalaciones y al llegar a la habitación de literas que le correspondía, su cara se iluminó. Josep miró a su madre y le dijo: "¡Oh, mare, cada día, cuando abra la ventana veré el Camp Nou!". Allí empezó a gestarse un sueño. Un sueño que se convirtió en 16 títulos con el Barça en su etapa de jugador. Un sueño que, desde el banquillo, ha rescatado al Barça de la crisis total para colocarlo a las puertas de un triplete histórico.

Aquel día, Josep, que así es como siempre le llamaron en casa, empezó a convertirse en Pep.

Guardiola cruza el gran patio de la ciudad deportiva del Barça, a las afueras de Barcelona, y gira la cabeza, mirando al horizonte. Cruza entre los fotógrafos con los andares de uno de aquellos tipos trajeados de Reservoir dogs, la película de Tarantino.

Su llegada al organigrama técnico blaugrana tiene su miga. El día en que se gestó, Evarist Murtra, vocal y miembro de la comisión delegada, tenía dentista. Le tenían que poner unos implantes, cuenta. De modo que llegó tarde a la exposición de Txiki Beguiristain, que planteaba ante la directiva sus cambios en la dirección del fútbol base: Beguiristain había pensado en Guardiola como responsable de entrenadores de la cantera, junto con Alexanco; para ellos trabajaría Luis Enrique como entrenador del Barça B. Murtra llegó tarde y Laporta le pidió a Beguiristain que hiciera un resumen. Murtra escuchó. Sabía que a Guardiola, en aquel momento, con el curso de entrenador recién sacado, lo que le apetecía era entrenar, no dirigir; ponerse el chándal y dar órdenes en el césped, no en los despachos.

Así que cuando Beguiristain abandonaba la sala de juntas, Murtra salió detrás de él como si necesitara ir al lavabo. En el momento en que el director deportivo se aprestaba a tomar el ascensor, Murtra (siempre, según su relato) le dijo: "Oye, Txiki, haz el favor de llamar primero a Pep, no vaya a ser que a él lo que le apetezca sea entrenar".

Al final, Guardiola acabó sentándose en el banquillo del filial, aunque no estuviera en el guión. Ahí, en el segundo equipo, fue ganándose la confianza de todo un club, desde el presidente escéptico hasta el empleado que corta el césped. Su entusiasmo, su ilusión, su dedicación obsesiva y sus interminables jornadas empezaron a crear una huella en la ciudad deportiva Joan Gamper. Para cuando llegó la crisis de la era Frank Rijkaard -y una vez descartado Van Basten- Guardiola se convertía en la opción natural; saltaba del banquillo del filial al del primer equipo. De Tercera División a Primera.

Fue una apuesta de riesgo en un momento de crisis. Una apuesta por un novato que había devuelto el fútbol al maltrecho Barça B. Guardiola, con tan sólo un año de experiencia, se lanzó a la piscina. "Siempre da un paso adelante, es un tipo que está seguro de lo que hace", dice Guillermo Amor, su ex compañero de equipo, una referencia para Guardiola. "Afronta los retos con carácter y está preparado intelectualmente".

A sus 38 años, Guardiola es una apisonadora. Como su equipo. En su entorno le describen como un hombre inteligente, apasionado y obsesivo, un torrente que ha sacudido la institución. "Se tiene que pegar unas dormidas impresionantes", bromea Xavi, hombre clave de este Barça. "No hay secreto: él lo da todo, no se da un respiro. Es un enfermo del fútbol, no sé si se da cuenta de su intensidad. Se implica tanto y hay tanto compromiso por su parte que si no respondes, quedas retratado".

Su autoexigencia viene de lejos. El propio Jordi Pujol la ha utilizado más de una vez en sus mítines. Dolors, la madre de Pep, pasa las páginas del álbum familiar, en la casa de Santpedor. Aparece la imagen del pequeño Guardiola recogiendo un trofeo al mejor jugador del torneo de manos del president, año 1986. Pero está llorando. Llora porque ha fallado un penalti. Le puede más la rabia por el fallo que la alegría por el premio. Autoexigencia.

Cuenta Dolors que el pequeño Guardiola iba para futbolista porque daba muchas patadas en el vientre. Valentí, el padre, que trabajaba de albañil, recuerda que el nen rompió la cuna de sus hermanas mayores de las patadas que daba cuando era bebé. Vamos, que apuntaba maneras. Una chica del pueblo, Pilar, cinco años mayor que él, fue con quien Pep empezó a jugar al fútbol.

Los cuatro hermanos Guardiola recibieron una educación honrada, estricta. "Bastante rígida", dice Pere, el hermano pequeño, sentado a los mandos de su Audi.

-Niños, ¿queréis parar de jugar a la pelota?

-¡Que no, mamá, que queremos jugar!

-¡Bueno, haced lo que queráis!

Cuando se producía esta escena, Pere y Pep se miraban. Pere animaba a seguir dando balonazos. A Pep le daba el ataque de responsabilidad y se guardaba la pelota bajo el brazo. "Siempre fue muy responsable", recalca su hermano, con esa voz ligeramente velada y esa mirada intensa, de pillo. "Es muy pesado cuando algo se le mete en la cabeza, no para. Es leal, fiel, honesto, un tío especial. También tiene sus cositas, se vuelca en lo suyo, se encierra".

El escritor y cineasta David Trueba es uno de los grandes amigos de Guardiola. "Viene de una familia muy humilde, pero son muy brillantes, muy honestos", cuenta, "nada le ha influido tanto como su familia". Trueba se ríe al recordar el carrerón que Guardiola se metió por la banda en la semifinal de la Champions, cuando Iniesta marcaba en el descuento el gol que significaba el pase a la final. "Durante quince segundos, se le olvidó que ya no era el recogepelotas, hasta que de pronto se dio cuenta y se ajustó la corbata: ¡coño, que soy el entrenador! Pep aún tiene el alma del niño que jugaba a la pelota en su pueblo".

De su conocida inclinación por los libros, la música y el cine ya se hacen bastantes chistes en el programa Crackòvia de TV3. David Trueba es uno de sus gurús: le recomienda películas, libros. El gusto por la ropa chic le viene por parte de su compañera, Cristina Serra, cuya familia tiene una conocida tienda de ropa. Cristina es la mujer que alimentó sus finos gustos, los viajes, la fotografía, la lectura. Manel Estiarte, el maradona del waterpolo español y gran amigo de Guardiola, define a Cristina Serra: "Es una mujer que une a la madre de antes con la mujer de hoy: capaz, moderna, con idiomas, arreglada". O sea, en las antípodas del prototipo de mujer de futbolista.

"Es muy orgulloso", dice su hermano, "y por eso el tema de la nandrolona fue un golpe brutal". Al acabar su etapa de jugador en el Barça, cansado de la presión del entorno, Guardiola se marchó a Italia a probar suerte. Estaba jugando en el Brescia, en 2001, cuando fue acusado de doparse. Llamó a su amigo Manel Estiarte, que entonces estaba también en Italia, en Pescara: "Necesito un abogado". Al día siguiente, Estiarte cogía un avión para plantarse en su casa. "Pensaba encontrar a una persona hundida, pero se había tirado toda la noche documentándose, ya estaba vivo". Se tomó la defensa de su inocencia a pecho. Obsesivo. Pep es obsesivo. Y más si se trata de defender su prestigio. Seis años más tarde, en 2007, ya retirado, la justicia le daba la razón. La batalla fue larga, pero obtuvo recompensa. "Es un diésel", define Evarist Murtra, que fue vicepresidente del Barcelona en la época de Josep Lluís Núñez.

Atardece en Santpedor y los niños, con petos naranjas y amarillos, se ejercitan sobre el césped del polideportivo municipal. Como no podía ser de otro modo, las instalaciones llevan el nombre del ídolo local. "Aquí el número cuatro se paga caro; todos los niños quieren llevarlo a la espalda", dice Isidoro Mata, el presidente del Club de Fútbol Santpedor. El cuatro era el número de Guardiola. Un número que adquirió un nuevo significado en el Barcelona de Dios; perdón, de Cruyff. Milla, Guardiola, Celades... El Barça es una fábrica de cuatros. Siguen saliendo cracks con vocación de cuatros. Xavi, Iniesta, Sergio Busquets. La producción no para.

"Siempre me ha cautivado Pep", dice Xavi, "era el más rápido mentalmente". El jugador explica cómo jugaba Guardiola con una sucesión de veloces movimientos de cuello, mirando de un lado a otro: "Parecía que tenía un ojo en la nuca, todo el rato girando la cabeza, como si tuviera retrovisores". Guardiola veía la jugada antes que los demás.

Parece que en el banquillo, esa mirada que se anticipa tampoco le da malos resultados. "Nos analiza los partidos, nos dice por dónde podemos entrar, da tres matices, y a jugar". En su equipo los defensas atacan y los delanteros defienden. Se juega desarrollando el guión que empezó a escribir Cruyff: 4-3-3, atacar, jugar la pelota. Tan sencillo y tan complicado. "Para un futbolista, el fútbol que propone es un lujo", resume Xavi.

Guardiola conoce muy bien la casa. Es culé hasta el tuétano. Luchó por tener su propio equipo de técnicos, y todos señalan que eso fue un acierto. "Sabía que si tenía el control del vestuario, triunfaría", dice su representante, José María Orobitg, "se rodeó de gente leal y no de trepas". No es un déspota. Sabe cómo tratar a los jugadores. Horas de trabajo, pasión, exigencia. Y compromiso con una manera de entender el fútbol. Son algunos de los factores que ayudan a explicar un éxito. "Dejó claro que por encima de todas las individualidades está el grupo", dice Evarist Murtra. Juan Carlos Unzué, el entrenador de porteros, que estuvo cinco temporadas con Rijkaard y ahora una con Pep, lo explica de forma concisa: "Cuando haces algo que sientes y crees en ello, eso se transmite. Además, el fútbol lo ve muy rápido".

Su amigo David Trueba dice que no le ve haciendo las maletas para irse a entrenar a Turquía, o donde toque, el día en que su aventura en el Barça termine. "Lo veo entrenando a niños".

Cantona esta triste, su Manchester a sido derrotado, pero los Iluminados no perciben tristeza en sus ojos, en el fondo de la sala, apoltronado en un cómodo sofá, su cara evoca una sonrisa justo cuando en la television aparece Guardiola levantando la Champions, se miran unos a otros extrañados, ¿porque sonríe Cantona?

muy sencillo, esta viendo a su discípulo, al hombre que muy pronto se hará cargo de los Iluminados cuando el ya no este en el Club, Pep Guardiola la luz suprema.

Estés donde estés, un abrazo Salvador.

sábado, 23 de mayo de 2009

EL FUTBOLISTA MAOISTA

En la década de 1970 hubo un futbolista que era seguidor de Mao Tse Tung y la revolución cultural china: el alemán Paul Breitner, quien como muchos jóvenes de Alemania y el mundo en los setenta, era seguidor de Mao y la Revolución China. Breitner pertenece a la generación de mayo del 68, partidario de Ho Chi Minh, lector del Libro Rojo y admirador del Che Guevara. Llegó a ser jugador profesional en 1970, jugando de lateral izquierdo. Con apenas 22 años y luciendo el famoso “afro”, fue campeón mundial con la selección de la República Federal de Alemania, anotando el gol en la final ante Holanda, la sorprendente naranja mecánica. Pese a esto, no tuvo nunca una buena relación con la selección nacional, llegando a renunciar tres veces. Breitner pasó a jugar en el medio campo al ser fichado por el Real Madrid, cuya llegada al club merengue era equivalente a la de un marciano. ¡Un maoísta en el club de Franco! Encontrándose allí dio muestra de su rebeldía al dar medio millón de pesetas como donativo a obreros metalúrgicos de la fábrica Standard que se encontraban en huelga. Su oposición al capitalismo, encarnado en los dirigentes del Real Madrid, le valió que el club lo declarara “jugador conflictivo” y cancelara su contrato, regresando a su club de origen: el Bayern de Munich. Breitner fue campeón de la copa mundo en 1974, subcampeón mundial en 1982, campeón de la copa Europa de naciones y campeón de la copa de Europa de clubes, logrando también varios títulos nacionales. Por su excelente rendimiento futbolístico y su potencia fue calificado como el mejor centrocampista alemán. Se dijo de él que era un futbolista “capaz de pensar y poner en práctica con las piernas lo que concebía con la cabeza”. Todo en 13 intensos años de carrera futbolística, retirándose en 1983 por una lesión. Un año antes, el Partido Comunista Chino había abandonado oficialmente el maoísmo. Se este o no deacuerdo con sus ideales, nadie puede negar el inconfundible sello Iluminado de su persona, Aunque Cantona tendrá que estar una tarde con el, para explicarle que es una votación consensuada entre todos, algo que Mao practicaba mañana tarde y noche,menudo pedazo de genocida, una vergüenza de persona, un sátrapa y dictador, ¡Paul Breitner Iluminado!