viernes, 11 de diciembre de 2009

PAUL GASCOIGNE ILUMINADO DEL MES

El mejor Iluminado, el mas grande loco del fútbol jamas nacido, en el Club le tenemos mucha gratitud, un futbolista increíble, sincero dentro y fuera del campo, diablo de cerveza en mano, de pubs oscuros, fabricador resacoso de goles, inventor de jugadas irreales,el día que no este entre nosotros el castillo se derrumbara ladrillo a ladrillo, y el cielo oscurecerá en una tormenta eterna de lluvia gris.
A sido la mejor ceremonia que haya podido ver hasta la fecha, Gazza a agradecido a todos los que han votado en la encuesta, a dicho que ellos son el verdadero motor del Club, todos los Iluminados lo han manteado, y la juerga de cava a durado un fin de semana enterito,
Cantona y Gazza han acabado en el patio interior meando y cantando entre vomito y vomito una extraña versión del himno Ingles y no quiero ni llegar a pensar lo que podría ocurrir tras una posible victoria de Gazza a final de año.

lunes, 5 de octubre de 2009

WILLOWS

Todo comenzó como una forma de llamar la atención de los brasileños sobre su situación social, pero en su búsqueda de acabar con los prejuicios y de luchar por nuevas oportunidades llegaron a ser unos héroes mediáticos a nivel mundial. Hablamos de los “Gigantes Do Norte”, el primer conjunto del planeta formado íntegramente por enanos.

El afán de superación de varios miembros de la comunidad enana de Belem les llevó a promover la idea de crear un equipo capaz de romper barreras. Las dificultades propias de su condición física no les ha permitido participar en la liga Paranaense, pero esto no ha sido óbice para demostrar su enorme calidad en varios partidos amistosos ante las categorías inferiores de los combinados de la zona. Sin embargo, su sueño es poder jugar algún día en competiciones oficiales o contra escuadras en su misma situación. Desde Sao Paulo ya han llegado las noticias de la creación del Little Boy, otro equipo de “baixinhos” que buscan arrebatar el protagonismo a sus vecinos del Norte. Entre ambos esperan animar a otros como ellos para poder organizar una liga de enanos que les permita practicar su deporte favorito. Todavía queda pendiente un duelo entre ambos, ya conocido entre la prensa canarinha como “El menos duelo del siglo”.

Los Gigantes Do Norte dan cabida a jugadores que van desde los 99 cm a al metro y cuarenta cm. que mide su guardameta Thelmo Ferreira, una de sus destacadas figuras. Pero si hay alguien que destaca por encima del resto, es sin duda Cazemiro Ribeiro, un ariete que apenas rebasa el metro de altura y que es conocido en Brasil como “Vagner Love” por sus trenzas similares a las del delantero del CSKA de Moscú. Su destreza con el balón le sirve para sacarse un dinero extra haciendo malabares con el balón en los descansos de partidos oficiales y en la propia calle. Es el líder de un equipo con una técnica exquisita, que para superar su falta de potencia no dudan en jugar sin complejos al son del tiki-taka.

Mucho tienen que agradecer los jugadores de este curioso equipo al Tuna Luso, un conjunto de la región que ha sido su mayor apoyo y que les ha proporcionado las camisetas de sus categorías inferiores. Aun así, a la mayoría les vienen grandes y muchos de ellos se las han cortado por la mitad para estar más cómodos. Pero si hay alguien que ha luchado porque esta aventura siga adelante, ese ha sido sin duda Carlos Lucena, un entrenador profesional que creyó en ellos y que ha sido una pieza clave en los éxitos logrados por sus chicos. El mister ha confesado que incluso se le ha escapado alguna lágrima tras ver a sus pupilos desplegar un juego digno de los Robinho, Kaká…

Los “Enanos brasucas”, como también se les conoce en Belem, llevan más de un año jugando juntos y ya han hecho las delicias de miles de aficionados del noreste de Brasil. Sin embargo, nunca olvidarán aquel 12 de enero de 2008 cuando debutaron en Braganza venciendo a los chavalines del Visagentos por 8-1. El campo estaba a rebosar, con 3.000 espectadores volcados con los “baixinhos”, que se sintieron estrellas por un día. Su popularidad no tardó en subir como la espuma y sus hazañas llegaron a periódicos de la talla del The Telegraph o The Sun. La fama no se les ha subido a la cabeza y como ellos repiten continuamente, no buscan ser famosos ni estrellas, solo poder disfrutar en la cancha sintiéndose una pieza más del gran engranaje que forman todos los amantes del balompié.
Se abren las puertas del Club de los Iluminados y damos entrada a este peculiar equipo de fútbol,
gigantes do norte ¡grandes Iluminados!

miércoles, 9 de septiembre de 2009

MASTER AND COMMANDER

Gran articulo de Juan Carlos Eichholz (director del Centro de Liderazgo Estratégico de la Universidad Adolfo Ibáñez)

"Estoy pensando en cómo hacerle entender a Ortega, en cinco minutos, un concepto futbolístico que lleva más de media hora explicar". Esta frase, corta y reveladora, da a entender en toda su magnitud quién es Marcelo Bielsa.

Desde luego, para alguien como yo, un aficionado al balompié, es difícil entender que exista un "concepto futbolístico" tan complejo que lleve más de 30 minutos explicar. Y aquí está la primera clave acerca del "Loco": el hombre tiene profundidad, va más allá de lo obvio, teoriza y desarrolla ideas. Sin embargo, la clave más esencial no es ésta, sino la que se desprende de la primera parte de aquella frase, porque lo importante no es lo que está en la cabeza del entrenador, sino el cómo logra dejar eso instalado en la mente de un jugador, quien, al fin y al cabo, es el que estará en la cancha jugando el partido. Y el "Burrito" no es alguien que pueda mantenerse concentrado por más de cinco minutos.

Bielsa es un estratega del fútbol, y uno bueno. Pero lo que realmente lo diferencia es ser un estratega del cambio, como pocos en este deporte. Hablo de cambios de verdad, que pasan porque las personas aprendan nuevas formas de pensar y de actuar. No cambios de maquillaje, de esos que se quedan en el marketing y en las estructuras y que, como el gatopardo, a poco andar vuelven atrás, para que todo quede igual. El cambio, así entendido, es el desafío mayor que tiene todo aquel que dirige personas, cualquiera sea la disciplina en que se desempeñe. Y quizás haya cosas interesantes que aprender de las estrategias utilizadas por Bielsa.

Transpiración v/s Inspiración

Todos quienes lo conocen coinciden: el trasandino es un metódico, perfeccionista y esforzado, valores que tuvo que aplicar en él mismo para convertirse en el reconocido entrenador que ha llegado a ser (elegido el mejor seleccionador del mundo en 2001, el segundo en 2004 y el tercero en 2008).

Nieto e hijo de prestigiosos juristas, y hermano del ex canciller Rafael Bielsa, Marcelo no la tuvo fácil. Sus padres armaron un escándalo cuando decidió ser futbolista, y, peor aún, su carrera como profesional no llegó lejos. Pero la máxima de su madre había quedado grabada a fuego: "En lo que seas, tenés que ser el mejor". Al decir de Bielsa: "Fui un futbolista frustrado y fracasado. Tras jugar cuatro o cinco partidos en la primera de Newell's me di cuenta de que no podía ser futbolista de nivel. Me propuse entonces ser un entrenador de nivel. Y estudié cinco años de fisiología para entender la conducta del cuerpo, desde la óptica de la medicina".

Su mentor, Jorge Griffa, recuerda: "Le inculqué la idea del esfuerzo extra para llegar al objetivo; de lo contrario se cae en la improvisación. Esas cosas me parece que lo marcaron". Y tanto lo hicieron, que estuvo dispuesto a inculcarlas en los jugadores chilenos, a pesar de los augurios de algunos entrenadores criollos que, desde el comienzo, se mostraron incrédulos: "Al chileno no le gusta entrenar fuerte. Queda fundido, no le gustan las concentraciones, reclama por la comida del hotel, que las camas no son buenas, que el bus es incómodo. Reclama por todo". Hasta que Bielsa los llevó a entender que lo primero es la transpiración; luego, la inspiración.

Reflexión v/s Acción

Pero la transpiración está lejos de ser sinónimo de fuerza bruta. Por el contrario, si hay algo que distingue a Bielsa es que piensa. No sólo es un hombre culto e instruido -lo último que lee de los diarios es el cuerpo deportivo-, sino que dedica largas horas a estudiar y reflexionar.

A diferencia del clásico jefe, que se pregunta qué tenemos que hacer, y lanza a su gente a la acción, el rosarino pone foco en lo que sus dirigidos deben aprender, y provoca en ellos cuestionamiento. "Te marca detalles imperceptibles para la gente normal y también para los jugadores. Esas cosas aumentan el margen para ganar los partidos", dice un ex dirigido suyo.

Ser un buen estratega, en cualquier ámbito, pasa por cuestionarse cosas y hacer que otros se las cuestionen, y Bielsa lo hace, en asuntos futbolísticos y más allá. La siguiente anécdota, narrada por su hermano Rafael, da cuenta de este rasgo de un modo casi inverosímil:

"Es la noche del 28 de diciembre; suena el teléfono y respondo.

-¿Te acordás del 31 de mayo del 98, cuando te dediqué el campeonato de Vélez en 'Fútbol de Primera'?

-¿Cómo no me voy a acordar?

-Bueno, creo que no debí haberlo hecho. Tengo tres razones. La primera es que uno no debería disponer de la totalidad de lo que sólo es parcialmente propio. Aquella noche, campeones habíamos salido todos, los jugadores y yo, de manera tal que al haber estado ausente del programa el plantel completo, yo no debí apropiarme de ninguna manera de lo que no era mío. La segunda razón es que si una dedicatoria contiene un sentido eminentemente personal, ya que uno expresa un sentimiento íntimo, de dicho modo debería hacérsela llegar al destinatario, y no por televisión. Y en tercer lugar, uno no debe dar al periodismo una herramienta tan poderosa como el conocimiento de la propia emotividad desnuda. Si todos los que acceden a ella le fueran a dar el trato que merece un sentimiento noble, podría ser, pero no hay garantías, no hay garantías".

Dar órdenes v/s Movilizar

Aunque se lo aprecia hosco y distante, el estilo de Bielsa va más allá de impartir instrucciones. Él parece entender lo que muchos jefes nunca ven: no sacas nada con dar órdenes si quien te escucha no está en la misma frecuencia tuya; si aquello que dices no es capaz de impactar en el otro; si tus palabras pasan de largo y no tocan alguna fibra.

Antes de poner el acento en el mensaje que quiere transmitir, Bielsa buscar entender en qué está la persona que lo va a recibir. Así, por ejemplo, habla detenidamente con los jugadores de menor autoestima, recordándoles su juventud luchadora y pobre, y haciéndolos sentir trabajadores, dignos, casi heroicos.

Los videos son uno de sus recursos fundamentales para movilizar, pero los usa de un modo en que ningún otro entrenador lo hace. En lugar de aburrir exhibiendo la grabación completa de un partido, Bielsa edita videos de no más de siete minutos, mostrando a un jugador lo que hace bien y lo que hace mal, y abriendo una conversación franca. Imposible mejor retroalimentación.

No es casual, por lo tanto, que Kily González declare: "Marcelo fue el técnico que sacó lo mejor de mí. Bielsa me convertía en un crack. Explotaba mis cualidades y mejoraba mis defectos. Me dio lo que me faltaba como jugador. Buscaba la perfección". En palabras del mismo Bielsa: "A los buenos jugadores los vemos vos, yo y la mayoría de la gente. Pasa lo mismo con los jugadores malos. El mérito está en advertir y saber que el jugador normal va a ser bueno".

Y tampoco es casual, a nivel grupal, escuchar una arenga movilizadora como ésta: "En las peleas callejeras hay dos tipos de golpeadores. Está el que pega, ve sangre, se asusta y recula. Y está el que pega, ve sangre y va por todo, a matar. Muy bien, muchachos: vengo de afuera y les juro que hay olor a sangre".

Estructura v/s flexibilidad

El eterno dilema de cualquier gerente general. Orden, estructura, procesos, sistematización, pero con suficiente flexibilidad para aprovechar las oportunidades que se presentan.

A Bielsa se lo acusa de ser excesivamente mecanicista, de ensayar jugadas una y mil veces, hasta que el margen de error casi desaparece, pero restando creatividad a sus equipos. El rosarino es consciente del dilema y lo trabaja bien: "Quiero equipos ordenados y no mecanizados, donde se repitan algunas posiciones y podamos desmarcarnos y luego volver rápidamente a marcar. El fútbol actual es muy ágil, cambiante, sorpresivo y dinámico. Eso hace que las composiciones iniciales de un equipo se modifiquen infinidad de veces en el partido".

Proceso v/s Resultados

Es el síndrome de Wall Street, y de cada vez más empresas y políticas públicas, incluyendo la educacional. El énfasis se pone en el qué, descuidándose el cómo; los aplausos vienen por los logros de corto plazo, no importando el aprendizaje de largo plazo; la obsesión con los resultados impide mirar el proceso.

Bielsa sabe que debe mostrar resultados, pero entiende bien que lo que hace sustentable su trabajo es el aprendizaje que se puede extraer del proceso. Sólo así el cambio se hace sostenible. Y las derrotas juegan un rol fundamental en ello, como ocurrió de modo visible con las goleadas de que fue víctima la selección ante Paraguay y Brasil, de local.

Esta reflexión suya lo dice todo: "Los momentos de mi vida en los que he crecido tienen que ver con los fracasos; los momentos de mi vida en los que he empeorado, tienen que ver con el éxito. El éxito es deformante, relaja, engaña, nos vuelve peor, nos ayuda a enamorarnos excesivamente de nosotros mismos; el fracaso es formativo, nos vuelve sólidos, nos acerca a las convicciones, nos vuelve coherentes. Si bien competimos para ganar, y trabajo lo que trabajo porque quiero ganar en cuanto compito, si no distinguiera qué es lo realmente formativo y qué es secundario, me estaría equivocando".

Tensión v/s Contención

"Marcelo logra el cariño desde la lejanía, no necesita estar frotando la espalda de los jugadores para ganar su afecto". En estas pocas palabras está recogido el anhelo de todo aquel que dirige a otros: cómo desafiar a las personas para que evolucionen y también, ser querido por ellas. En otras palabras, cómo tensionar y contener al mismo tiempo.

En un entrenamiento previo a un partido por las Clasificatorias, ante las constantes jugadas acrobáticas de Arturo Vidal, Bielsa lo detuvo y se le acercó, señalándole enérgicamente: "Todo lo que usted hace es un desorden. De nada sirven las piernas a la altura de la cabeza. Si quiere jugar conmigo, debe hacer el trabajo que se le pide, no el que usted cree que hace falta". Vidal quedó en estado de shock.

Pero eso fue poco frente a la tensión general que Bielsa produjo, a nivel nacional, cuando se atrevió a enfrentar los partidos de visita ante Bolivia y Venezuela dejando fuera a figuras como Jiménez, Valdivia y Vidal para apostar por jóvenes que ni siquiera jugaban de titulares en sus equipos. Eran la quinta y sexta fecha, después de haber sido goleados por Paraguay en casa y llevando cuatro puntos en la cuenta. Fue su momento más crítico, en el que hizo evidente que su apuesta no era tener excelentes jugadores, sino producir un cambio de mentalidad y estilo en un plantel completo, y por extensión en el fútbol chileno. Su apuesta no era el triunfo a corto plazo, sino la victoria permanente, generando un cambio profundo en sus dirigidos. Generando aprendizaje, aunque doliera.

Estudioso y conocedor de la naturaleza humana, sabe que los cambios se producen con tensión, dentro de un ambiente contenedor.

José Luis Chilavert, el legendario portero paraguayo, dirigido por Bielsa en Vélez, lo experimentó de un modo impactante: "Chilavert, ¿es usted feliz?". Una pregunta al hueso, contenedora y tensionadora, que cambió para siempre la relación entre ambos.

Y sí, Bielsa trata a sus jugadores de usted. Y sí, no hay jugador que hable mal de él, a pesar de la exigencia y la tensión a que los somete. Porque, al final, todos crecen con él, aunque al principio no se entienda... y duela.

Responsabilidad v/s Evasión

31 de marzo de 1999. Estadio Amsterdam Arena, Holanda y Argentina empatan a un gol. Conferencia de prensa de Marcelo Bielsa.

-¿El hecho de que haya reemplazado a Ortega al término del primer tiempo significa que no lo conformó su trabajo? -pregunta Clarín.

-No. El rol de él en el equipo lo cumplió tal como estaba previsto. Lo que pensé, cuando decidí el cambio, fue que Ortega podía haber sentido el desgaste y que con la presencia de Guglielminpietro podíamos insistir por ese sector.

Y aquí viene lo increíble: Bielsa se queda pensativo unos segundos. Espera las últimas preguntas, pero se adelanta y busca con la vista al enviado de Clarín.

-Quiero hacer una salvedad ante su pregunta anterior. Creo que no fue un acierto haber sacado a Ortega, porque seguíamos necesitando un jugador de las características de Ariel. Cuando me di cuenta de la equivocación, saqué a Guglielminpietro y coloqué a Crespo para darle más contundencia al ataque.

En la derrota ante Brasil tuvo la misma actitud: "Cuando se hace evidente una necesidad que no pudo ser cubierta con la decisión del que conduce, tengo que asumir eso y desligar a los jugadores de algo que fue claro: evitar que los brasileños quedaran en condiciones de atacar".

Son pocos los entrenadores -y los jefes- que están dispuestos a reconocer sus errores públicamente. Bielsa lo hizo entonces y lo ha hecho en otras ocasiones, asumiendo su responsabilidad en lugar de evadirla. La intención de fondo es que todos sus jugadores operen con la misma lógica, evitando echarle la culpa a la cancha, al clima, al rival, a la hinchada, al compañero, al entrenador o al empedrado.

El aprendizaje y el cambio se dan cuando entendemos que somos parte del problema, asumiendo la cuota de responsabilidad que nos cabe en su solución. Bielsa lo sabe, tanto como Obama, quien no tiene temor en decirle a la comunidad afroamericana de su país que deben aspirar a ser más que basquetbolistas y raperos, que deben asumir su responsabilidad y dejar de culpar al sistema por su destino. "We can, yes we can", si dejamos de evadir y enfrentamos los desafíos.

Coherencia v/s Exitismo

Hace dos décadas que Bielsa comenzó su carrera como entrenador, y hace dos años que asumió la dirección de la selección chilena. El reconocimiento y el dinero no tardaron en llegar, pese a lo cual el rosarino sigue apegado a los mismos pilares valóricos de antaño. Que ha evolucionado, por supuesto, siendo hoy un profesional mucho más completo y con más herramientas de las que antes tenía, pero la persona se ha conservado. "Estoy absolutamente convencido de que la fama y el dinero son valores intrascendentes. Pasa que, claro, nos los describen con un peso tan significativo que parecería imposible resistirse a valorarlos".

Y la reflexión llega más a fondo: "Encuentro en el país un exitismo acentuado, en el que parece que éxito y felicidad son como sinónimos. Recuerdo que en México, por ejemplo, felicidad y éxito son dos cosas diferentes". Se refería a su natal Argentina, pero cuánto más aplicable es al Chile de hoy.

Rodeado de jugadores que manejan autos de lujo, hasta hace poco ni siquiera tenía auto. Terminó comprándose un Toyota para recorrer el sur del país con su mujer e hijas. Sigue viviendo en Pinto Durán, levantándose de madrugada para afinar los detalles técnicos, incluido el largo del pasto de la cancha. El mismo pasto cuyo reemplazo financió el propio Bielsa, con el dinero que quiso pagarle a la ANFP por una decisión mal tomada por él mismo: haber pedido una mejora de instalaciones de Juan Pinto Durán que luego, a su juicio, resultó sobredimensionada.

Al final, querer ser un estratega del cambio quizás provenga de tener valores profundos, que tienen que ver con ayudar a otros a superarse, a ser mejores jugadores, pero, por sobre todo, mejores personas. "Uno vive y necesariamente necesita jerarquizar virtudes; decir éstas son las virtudes que rescato en los demás y quisiera para mí, que respeto, que valoro. A mí el deporte me dio ese parámetro. Yo aprendí por el deporte que la generosidad era mejor que la indiferencia, aprendí el valor de la significación del coraje, aprendí la importancia del esfuerzo y aprendí lo trascendente de la rebeldía. Son los tres o cuatro elementos con que yo después traté de orientar mi vida. No necesariamente tienen que ser ellas las elegidas, pero sí es indispensable que uno sepa cuáles son las virtudes alrededor de las cuáles quiere vivir". Marcelo Bielsa.

Mourinho a sido el principal artífice de la entrada de Bielsa en el Club, hace un mes se reunió con Cantona una mañana, le hablo con una buena taza de café caliente, de la importancia de Iluminar al loco, le explico todos sus méritos, Mou se moría de ganas de tenerlo en el castillo y compartir tardes charlando y debatiendo tácticas y conjeturas futbolisticas, finalmente nuestro Grande Maestre dio su brazo a torcer y puso su nombre encima de la mesa, nuestros Iluminados no dudaron, los votos fueron unánimes, y las puertas del Club se abrieron de par en par

¡Loco Bielsa Iluminado!

domingo, 9 de agosto de 2009

PAUL BREITNER ILUMINADO DEL MES

Paul Breitner flamante Iluminado del mes, aunque a asistido a la ceremonia de premios, a declinado recojer trofeo alguno, eso si a efectuado un discurso encendido a favor del socialismo, durante mas de siete horas, al finalizar el discurso, se encontraba totalmente solo, una sala vacía, y unas mesas sin canapés y cava,las chicas desnudas correteaban entre risas por los pasillos del castillo, enfin son otros tiempos.

martes, 21 de julio de 2009

MILK

Justin Fashanu, el primer futbolista profesional que salió del armario. Y, por ahora, el único...

¿Quién era?: Un futbolista inglés de origen nigeriano de los 80 y los 90.

¿Por qué se le recuerda?: Por ser, como os decía, el único futbolista de élite que declaró públicamente su homosexualidad. Lo hizo en 1990, cuando era futbolista del Leyton Orient londinense.

Justin Fashanu (Londres, 19 de febrero de 1961) era uno de los más prometedores jugadores del Reino Unido, cuando jugaba en el Norwich City. Más aún, cuando en 1981, en entonces poderoso Nottingham Forest pagó por él 1 millón de libras esterlinas. Ya entonces, Fashanu tenía clara su sexualidad. Aunque no era oficial, sus salidas nocturnas llegaron a los oídos del polémico entrenador del Forest, Brian Clough. Éste, en su biografía, relata una conversación que tuvo con Fashanu: "Si quieres una barra de pan, ¿adónde vas? Al panadero, supongo. Si quieres una pierna de cordero, al carnicero... Entonces, ¿por qué sigues yendo a esos malditos clubs de maricones?". Clough llegó a apartar a Fashanu del equipo y ahí empezó un rosario de pasos efímeros por numerosos clubes, que incluyeron estancias en Estados Unidos y Canadá. Regresó a Inglaterra, jugó en el Manchester City, en el West Ham y en el Leyton Orient. Estando en este equipo, el 22 de octubre de 1990, el diario sensacionalista The Sun publicó una entrevista exclusiva con Fashanu en la que el jugador declaraba su homosexualidad y además, relataba que había tenido un affaire con un parlamentario conservador casado.

Su vida como gay

Cuando salió del armario, comenzaron sus problemas. Su propio hermano, John, que también era futbolista, lo rechazó, afirmando que "era un paria". Aunque sus compañeros de vestuario no le hicieron el vacío, Fashanu tuvo que aguantar declaraciones de otros que lo rechazaban y las inevitables chanzas y comentarios maliciosos de los aficionados. Por todo ello, volvió a hacer las maletas y retornó a Canadá. Volvió al Reino Unido para jugar en Escocia. Entre otros, formó parte del Hearts of Midlothian de Edimburgo, equipo con el que se enfrentó al Atlético de Madrid en una eliminatoria de Copa de la UEFA. Incapaz de pasar una temporada seguida en más de un club, se retiró en Nueva Zelanda tras otro breve paso por Estados Unidos.

Su triste final

Fue en Estados Unidos donde recibió el peor palo de su vida. En 1998, un joven de 17 años le denunció por abusos sexuales. Fue interrogado por la Policía por ese caso, pero ni siquiera fue detenido. Fashanu retornó al poco a Inglaterra, temiendo ser arrestado. Poco más de un mes después de este asunto, y agobiado por una profunda depresión, Fashanu fue encontrado ahorcado en un garaje abandonado en Shoreditch, un suburbio de Londres. Dejó una nota de suicidio en la que decía que "Me he dado cuenta de que ya he sido declarado culpable. No quiero dar más preocupaciones a mi familia y a mis amigos. Espero que el Jesús que amo me dé la bienvenida; al final encontraré la paz". La Policía inglesa averiguó poco después que las autoridades estadounidenses habían archivado el caso de abusos sexuales contra Fashanu por falta de pruebas.

El Club de los Iluminados nombra a Justin Fashanu miembro fundador con todos los honores,un cuadro con su retrato iluminara el salón principal junto a sus compañeros, en el cielo no hay prejuicios, descansa en paz Justin!

martes, 14 de julio de 2009

LA PELOTA ENSANGRENTADA

Sabias palabras de Quique Peinado.
Cuando El Salvador invadió Honduras, un 14 de julio de 1969, las pintadas resistentes de los hondureños afloraron en las paredes. Entre mensajes bélicos que conminaban a "degollar al agresor" y arengas patrióticas, una frase en una pared de Tegucigalpa hablaba de cómo el fútbol había ayudado a que un terrible conflicto bélico estallase entre El Salvador y Honduras: "¡Vengaremos el 3 a 0!", se podía leer. Detrás de esa bravuconada había demasiada relación entre el fútbol y la guerra.

Fue una macabra casualidad que las selecciones salvadoreña y hondureña se enfrentaran en la previa del Mundial de México de 1970 justo cuando la tensión entre ambos países crecía. El conflicto era por la tierra: 300.000 emigrantes salvadoreños en Honduras poseían tierras que reclamaban los hondureños. Cuando el gobierno de Tegucigalpa decidió satisfacer las demandas de sus ciudadanos, no recurrió a las tierras de sus terratenientes o de las empresas estadounidenses: optó por expulsar a los inmigrantes salvadoreños.

La 'razón' asistía a ambos bandos: los campesinos hondureños se morían de hambre mientras emigrantes del país vecino explotaban sus tierras, y los salvadoreños penaban por la violencia que sufrían sus emigrantes, acosados hasta el extremo. La tensión crecía entre ambos países, pero, quizá, el fútbol encendió la chispa.

Un gol, un suicidio
En el partido de ida de la eliminatoria, en Honduras, los jugadores de El Salvador no pudieron dormir en toda la noche. Hinchas hondureños rompían los cristales de sus habitaciones del hotel, hacían ruido y los insultaban. Perdieron 1-0, un deshonor que una salvadoreña no pudo soportar: cuando Honduras marcó, en el último minuto por medio de Roberto Cardona, agarró una pistola y se pegó un tiro. La prensa se encargaba de azuzar los sentimientos nacionalistas. Un periódico escribió que la joven "no había podido soportar la humillación a la que fue sometida su patria".

Honduras marcó en el minuto 90, y una chica se pegó un tiro. A su funeral acudió el presidente

Su funeral fue cuestión de Estado: a él acudieron el presidente del gobierno y todos sus ministros, así como la selección de fútbol en pleno, que vio cómo su regreso al país fue un drama lleno de insultos e intentos de agresión a los que habían manchado el orgullo del país con su derrota.

A la vuelta, en San Salvador, la tensión era insoportable. Los jugadores hondureños sufrieron un grado más de acoso en terreno enemigo: por la noche, rompieron sus cristales y lanzaron ratas muertas por ellos. Perdieron 3-0, y el seleccionador hondureño dio gracias por haber perdido: habían tenido que ir al campo en carros blindados, y las peleas fueron constantes. Quién sabe lo que hubiera pasado si llegan a ganar. El tercer partido de la serie, en terreno neutral (México), lo vieron las hinchadas de ambos países separadas por 5.000 policías.

La mayoría de los historiadores habla de "casualidad", e incluso se niega el nombre de 'La Guerra del Fútbol' (acuñado por la prensa de la época y globalizado por el legendario relato de Ryszard Kapuscinski), para cuantificar cuánto tuvo que ver el deporte en un conflicto que duró 100 horas y en el que murieron entre cuatro y seis mil personas.

No se puede decir, por tanto, que aquellos partidos provocaran una guerra, pero parece imposible desligar ambos acontecimientos. El fútbol, en lo peor de sí, exaltó nacionalismos destructivos y sirvió para enfrentar, aún más, a dos países al borde de las armas.

Hoy se cumplen 40 años desde que El Salvador invadió Honduras y dio comienzo a una guerra terrible. Cuatro décadas después el fútbol ha cambiado mucho, pero en demasiadas ocasiones deja de ser una fiesta y se convierte en el motor para sacar lo peor que llevamos dentro. Una fecha como hoy debería servir para reflexionar. La memoria de 6.000 muertos debería ser suficiente.

Esta noche el castillo no ilumina.

jueves, 25 de junio de 2009

PRUEBAS DE SELECCION

Llega el verano, época de playita chiringuitos quemaduras de tercer grado,medusas asesinas al acecho de ancianas untadas en cremas antiarrugas,niños piraña armados con pala y cubo intentando construir un Buckingham Palace, retozando en la orilla como croquetas de arena,el morito molón que te vende la película del momento pero se ve como el culo,o el Cristiano Ronaldo de turno envuelto en una montaña de oro y una fragancia a pachuli que anestesia a todo aquel que osa interponerse en su camino,esta bonita estampa made in Benidorm, esta aliñada por la típica canción del verano, llamase Bomba Macarena o asereje a ja a piripiri pa, por desgracia nuestros futuros Iluminados son apartados de intimar con este micricosmos veraniego,ya que cuando nos adentramos en estas fechas,nuestros candidatos a entrar en el Club, pasan unas duras pruebas tanto físicas como mentales,el premio llegar a la mesa de votación final, muchos no llegaran pero se dejaran el alma ,con el fin de ser un Iluminado de pleno derecho ¡mucha suerte chicos el castillo os espera!
A continuación algunas de las pruebas del año pasado filmadas con cámara oculta.

lunes, 22 de junio de 2009

LA COSA NOSTRA

En 1974 un hecho histórico se produjo en el Calcio, aquel año la Lazio de Roma ante la sorpresa generalizada, se alzo con el único Scudetto de toda su historia, aunque lo verdaderamente sorprendente es la historia que se esconde detrás de ese vestuario.
Se trataba de un vestuario corrupto,violento,lleno de mafia y matones.

En las taquillas del vestuario de la Lazio de Roma era frecuente ver cómo muchos de sus futbolistas llevaban pistolas, navajas, machetes y alguna que otra escopeta, al punto de que aquel escenario era más propio de un cuartel militar o de un arsenal del ejército, más que un simple lugar donde guardar las botas o el frasco de linimento. Además, dentro de aquellas cuatro paredes, de puertas para adentro, el clima del vestuario laciale era de guerra civil. Existía una división entre dos clanes. El primero estaba liderado por Giorgio Chinaglia, un delantero tan carismático como peligroso. Un ariete de malas pulgas, ideología fascista y un irrefrenable impulso por las armas de fuego. El otro clan era liderado por Gigi Martini, todo corazón y nervio, que tampoco escatimaba en recurrir a la violencia cuando era necesario. La mayoría de los futbolistas de la Lazio provenía del ambiente militar, de brigadas paracaidistas o de grupos radicales de ultraderecha. Cuenta la leyenda que el enfrentamiento era tan feroz entre los dos grupos, que los partidillos de entrenamiento eran auténticas finales. Se sabía a qué hora empezaban, pero no cuándo terminaban. Jugaban, jugaban y jugaban…hasta que la cosa solía quedar resuelta en empate y los dos bandos estaban algo satisfechos por haber salvado su honor. Eran dos equipos en uno, pero como confesaba uno de sus integrantes, Vicenzo D’Amico, dentro del campo todos dejaban de lado sus diferencias y hacían causa común contra el enemigo. La Lazio era una jauría humana, que fuera del césped se amenazaba de muerte, y que dentro del campo eran una hermandad de ángeles del infierno.

- Llevábamos pistola casi todos - relata D’Amico- y había dos equipos distintos, ni nos veíamos en los hoteles. Si un grupo ya había utilizado un secador de pelo, por ejemplo, el otro no se atrevía ni a tocarlo. Eso sí, en el campo éramos sólo un equipo. Si en un partido alguien le hacía daño a Chinaglia o Wilson, que eran de su clan, Martini y los suyos se comían al que lo hubiera hecho. Luego, durante la semana, ni nos hablábamos.

En mitad del fuego cruzado del vestuario sobrevivía, y con cierta autoridad, el entrenador, Tommasso Maestrelli. Su fórmula para ser querido y respetado en el vestuario era muy sencilla. Cuando conversaba a solas con Chinaglia, le decía que era el líder del grupo. Cuando charlaba con Martini, le decía lo mismo. El abuelo Maestrelli era el apagafuegos de aquel grupo de jóvenes salvajes, de unos futbolistas que fuera de los terrenos de juego eran casi delincuentes, y que no respetaban ni a nada ni a nadie, empezando por ellos mismos. Maestrelli, más un policía que un entrenador, no sólo realizaba esfuerzos titánicos para mediar entre la facción de Martini y la de Chinaglia, sino que ejercía también como padre de los más jóvenes. Les guiaba dentro y fuera del campo, les confiscaba las armas si las veía, le aconsejaba que no bebieran en el vestuario e incluso les llegaba a esconder el dinero, para que no lo malgastaran comprando licores o estupefacientes. Gracias al venerable Maestrelli, la sangre nunca llegaba al río, y las dos facciones nunca acabaron por destrozar el nombre de la institución, sino todo lo contrario. El pique insano de ambos bandos era, precisamente, lo que estimulaba a unos y otros para hacer a la Lazio aún más competitiva. Con el profesor Tommaso Maestrelli apretando las tuercas del bando de Martini y del bando de Chinaglia, la Lazio firmó unos números de escándalo en la temporada 73-74. Le birló el Scudetto a la Juventus, entonces el gran favorito al título, ganó 18 partidos de 30, sólo encajó cinco derrotas en toda la temporada y su goleador, Giorgio Chinaglia, acabó como capo cannoniere. Aquella Lazio mítica estaba integrada por once nombres propios que pasaron a la historia del Calcio: Pulici; Petrelli, Martini, Wilson, Oddi, Nanni, Garlaschelli, Re Cecconi, Chinaglia, Frustalupi y D’Amico. Once gladiadores, once rebeldes, once locos, once pistoleros, que sólo obedecían la voz de su entrenador, Maestrelli.

Después de aquel milagroso éxito, la todopoderosa Juventus llamó a las puertas del profesor Maestrelli y le ofreció muchísimo dinero por abandonar la Lazio, pero Don Tommassino jamás se marchó de Roma. Siguió cuidando de su ‘grupo salvaje’, firmó a una promesa, Giordano, que acabaría por dar tardes de gloria al club, y preparó con esmero la Copa de Europa. Sin embargo, los caprichos del destino acabarían con los planes de Maestrelli. Los graves incidentes ante el Ipswich Town echaron a la Lazio de la competición europea, y justo entonces, después de aquel golpe, sobrevino el mazazo definitivo. Durante un partido, el técnico de la Lazio empezó a sentir un dolor insufrible en el estómago, y tuvo que ser atendido por los médicos. Después del chequeo, los doctores diagnosticaron que Maestrelli tenía un tumor maligno irreversible, y que debía abandonar el banquillo, porque le quedaban apenas tres meses de vida. Don Tommasino, el profesor de la Lazio, se vio obligado a abandonar al equipo, y se le buscó un sustituto. Sin embargo, el entrenador más humano de toda Italia no se dejó vencer así como así por su enfermedad. La habían dado sólo tres meses de vida, pero se aferró a ella con todas sus fuerzas y aguantó un año y medio entre los vivos, el tiempo suficiente para ver cómo la Lazio salvaba la categoría. Maestrelli, el hombre que unía al vestuario de su equipo, fallecía el 2 de diciembre de 1976. Sin él, sus jugadores no volverían a caminar por la senda del triunfo.

Para el resto del ‘grupo salvaje’ de aquella Lazio hubo un antes y un después de la muerte de Don Tommassino, y muchos de ellos tuvieron diferentes suerte en sus vidas cuando decidieron colgar las botas. El más agraciado fuera de los terrenos de juego ha sido Vicenzo D’ Amico, el niño prodigio que Maestrelli hizo brillar en los años setenta. D’Amico, que era el fantasista del grupo, pasó toda su vida en la Lazio, jugó sus últimos partidos en el Ternaza y a día de hoy es el comentarista estrella de la Radio Televisión Italiana. A otro que no le fue nada mal fue a Joseph Pino Wilson, hijo de un oficial de la Marina británica establecido en Nápoles, un tipo que compartía el gusto por la violencia de sus compañeros de equipo, pero que tenía la cabeza mejor amueblada. Después de ganar el Scudetti con la Lazio, abandonó el fútbol y se licenció en Derecho. También tuvo futuro como picapleitos otro símbolo de la Lazio, el portero Felipe Pulici, que acabó ligado a los servicios jurídicos del club, y que no tuvo una decorosa salida cuando estalló el caso de la extraña nacionalización del argentino Juan Sebastián Verón, con Sergio Cragnotti como presidente. Por otro lado, a uno de los capos del vestuario, al lateral izquierdo Gigi Martini, enemigo mortal de Chinaglia, al que amenazó de muerte en varias ocasiones, todo le salió como había planeado. Martini siempre había sido un tipo que presumía de tener inquietudes políticas, así que después de abandonar la práctica del fútbol, se dedicó en cuerpo y alma a su gran pasión, consiguiendo ser parlamentario de la fuerza Alianza Nacional, un grupo de ideología neoposfascista.

A uno de los que le fue bastante peor fue a Mario Frustaluppi, mediocentro de aquel equipazo en el campo y aquella banda armada fuera del terreno de juego. Brilló en la Lazio en los años setenta como alma del club, junto a estrellas como Chinaglia, pero no tuvo una buena salida de Roma y acabó siendo traspasado al Cesena primero y al Pistoiese después. Después de varias lesiones, se retiró del fútbol en 1981. Sólo nueve años después, Frustaluppi sufría un accidente de tráfico y fallecía a consecuencia de las graves heridas. Sólo tenía 48 años.

El que nunca supo encontrar su lugar en el mundo al margen del fútbol fue el más ilustre pirata del vestuario, el delantero Giorgio Chinaglia. Un hombre violento, duro, de comportamiento casi mafioso, que Guy Chiappaverti, prestigioso periodista italiano y autor del libro Pistolas y Balones, definió así: ‘Chinaglia, más conocido como ‘Long John’ fue el corazón de aquel equipo de locos, salvajes y sentimentales, simpatizantes fascistas, pistoleros y paracaidistas, jugadores de azar y bailarines de club nocturno, con dos vestuarios; quien entraba en la habitación errónea corría el riesgo de encontrarse con la amenaza de una botella rota bajo el cuello”. Después del campeonato de 1974, donde Chinaglia fue una máquina de hacer goles, ‘Long John’ se decidió por ver el color del dinero y aceptó abanondar la Lazio antes de tiempo para iniciar una aventura en la Liga de Estados Unidos, para promocionar el soccer. Pasó unos años en el famoso Cosmos de Nueva York, donde mantuvo otra guerra de egos en el vestuario, junto a Edson Arantes Do Nascimento, Pelé, o Franz Beckenbauer, entre otros. Tras colgar las botas, ‘Long John’ Chinaglia decidió convertirse en hombre de negocios. Aunque sus negocios, turbios, y oscuros en su mayoría, resultaron casi siempre un fracaso. Chinaglia, que seguía siendo un mito para los hinchas radicales del club, llegó a hacer una oferta de compra por la Lazio, aunque al final todo resultó ser un fraude total y un intento de especulación para quedarse con el club. La Justicia tomó cartas en el asunto, investigó las conexiones de Chinaglia con los hinchas fascistas de la Lazio y descubrió que varios de esos aficionados, en el nombre de Chinaglia, habían extorsionado y amenazado a las esposas del entonces presidente y entrenador de la Lazio, con el único objetivo de conseguir que vendieran el club a toda costa. A día de hoy, Giorgio ‘Long John’ Chinaglia sigue teniendo cuentas pendientes con la Justicia, está en busca y captura y está en paradero desconocido. Eso sí, sigue llevando consigo, según dicen, a su inseparable compañera. Una pistola Mágnum del 44. La misma que solía llevar al vestuario de aquella Lazio que ganó el Scudetto.

El peor parado de todos los componentes del ‘grupo salvaje’ de la Lazio fue Luciano Re Cecconi, un futbolista de gran talento conocido como L’ Angelo Biondo, El Ángel rubio. Sólo tres años después de que el conjunto laciale consiguiera su único campeonato de liga en toda su historia, la tragedia llamó a la puerta de El Ángel Rubio. Todo ocurrió cuando Re Cecconi y su compañero de equipo Ghedin - famosos en el vestuario por su sentido del humor- decidieron gastar una broma pesada a uno de sus íntimos amigos, Bruno Tabocchini, dueño de una joyería. Ambos futbolistas entraron en la joyería por sorpresa, y gritaron siete palabras que acabaron por ser fatales:

- ¡Arriba las manos, esto es un atraco!

El joyero, que estaba de espaldas, se sobresaltó por el grito, buscó una vieja pistola modelo ‘Walter’ que guardaba en el mostrador y se volvió, enfurecido, tratando de defenderse del supuesto asalto a su negocio. Taboechini se giró, abrió fuego y llenó de plomo a Re Cecconi, que murió en el acto. Aquella broma le costó la vida al jugador de la Lazio, cambió para siempre la vida de su compañero de vestuario, Ghedin, y se convirtió en una pesadilla que persiguió, de por vida, los sueños del joyero Taboechini, hincha confeso de la Lazio. La muerte de Luciano Re Cecconi, El Ángel Rubio, estremeció a toda Italia.

Aquella banda armada de salvajes, aquel equipo de paramilitares, aquella Lazio de Roma, ganó en 1974 el Scudetto. Lo hicieron en mitad de una guerra civil que libraban en su propio vestuario, en cada entrenamiento, en cada concentración. Acaso una de las primeras ecuaciones del germen del fascismo en los estadios italianos, la historia de aquella Lazio, las aventuras y desventuras de sus protagonistas, sigue siendo uno de los fenómenos más extraños de la historia del fútbol. Aquella Lazio, campeona de Italia, vivió subida a un terremoto de pasiones, violencia y fatalidad.

Nombramos a la Lazio 1974 por mayoría Iluminados de pleno derecho,no se a aplaudido, ni recibido de buen grado a unos personajes de tal calaña,aunque lo cierto esque la luz esta muy presente en su historia,Cantona les dará la bienvenida en persona,apretándoles la mano uno a uno,en la cocina tendrán café caliente y galletas recién salidas del horno,eso si un extenso grupo de seguridad se encargara de que no entren ni una sola arma,ni insignia ni emblema ¿Capito?

sábado, 20 de junio de 2009

LIVERPOOL FC ILUMINADOS DEL MES

Merecido premio para un equipo de leyenda, la luz lo a vestido de gloria por mayoría de votos, el salón principal se a puesto sus mejores galas,y todos nuestros Iluminados han rendido un caluroso homenaje a los Reds, Steven Gerrard a la cabeza a recogido de manos de Vinnie Jones el espectacular trofeo acreditandolos Iluminados del mes, acto seguido a dedicado una palabras a todos aquellos que an puesto su grano de arena para engrandecer el Club, estén o no estén entre nosotros.
El alcohol a corrido durante toda la noche, miles y miles de litros han empapado el castillo,Liverpool fc nunca caminaras solo.

domingo, 31 de mayo de 2009

PEP SALVADOR

Articulo de Ramón Besa (El Pais)
Una sombra de tristeza recorre la mirada de Dolors cuando recuerda la fecha: "El 4 de septiembre de 1984 se lo llevaron", pronuncia con precisión. Es el día en que el fútbol le arrancó a su hijo de sus brazos, cuando Josep apenas tenía 13 años. El día en que el Barça acogía en su seno a un chaval enclenque y pequeño con escasa pinta de futbolista. El día en que Josep Guardiola Sala ingresaba en La Masía, la factoría de futbolistas blaugrana, colgado de una bolsa que abultaba más que él. El club daba entrada al que con los años, como jugador, se convertiría en símbolo; al que, como entrenador, va camino de convertirse en mito.

Llegó a La Masía acompañado por sus padres y por Pere, su hermano pequeño. Les enseñaron las instalaciones y al llegar a la habitación de literas que le correspondía, su cara se iluminó. Josep miró a su madre y le dijo: "¡Oh, mare, cada día, cuando abra la ventana veré el Camp Nou!". Allí empezó a gestarse un sueño. Un sueño que se convirtió en 16 títulos con el Barça en su etapa de jugador. Un sueño que, desde el banquillo, ha rescatado al Barça de la crisis total para colocarlo a las puertas de un triplete histórico.

Aquel día, Josep, que así es como siempre le llamaron en casa, empezó a convertirse en Pep.

Guardiola cruza el gran patio de la ciudad deportiva del Barça, a las afueras de Barcelona, y gira la cabeza, mirando al horizonte. Cruza entre los fotógrafos con los andares de uno de aquellos tipos trajeados de Reservoir dogs, la película de Tarantino.

Su llegada al organigrama técnico blaugrana tiene su miga. El día en que se gestó, Evarist Murtra, vocal y miembro de la comisión delegada, tenía dentista. Le tenían que poner unos implantes, cuenta. De modo que llegó tarde a la exposición de Txiki Beguiristain, que planteaba ante la directiva sus cambios en la dirección del fútbol base: Beguiristain había pensado en Guardiola como responsable de entrenadores de la cantera, junto con Alexanco; para ellos trabajaría Luis Enrique como entrenador del Barça B. Murtra llegó tarde y Laporta le pidió a Beguiristain que hiciera un resumen. Murtra escuchó. Sabía que a Guardiola, en aquel momento, con el curso de entrenador recién sacado, lo que le apetecía era entrenar, no dirigir; ponerse el chándal y dar órdenes en el césped, no en los despachos.

Así que cuando Beguiristain abandonaba la sala de juntas, Murtra salió detrás de él como si necesitara ir al lavabo. En el momento en que el director deportivo se aprestaba a tomar el ascensor, Murtra (siempre, según su relato) le dijo: "Oye, Txiki, haz el favor de llamar primero a Pep, no vaya a ser que a él lo que le apetezca sea entrenar".

Al final, Guardiola acabó sentándose en el banquillo del filial, aunque no estuviera en el guión. Ahí, en el segundo equipo, fue ganándose la confianza de todo un club, desde el presidente escéptico hasta el empleado que corta el césped. Su entusiasmo, su ilusión, su dedicación obsesiva y sus interminables jornadas empezaron a crear una huella en la ciudad deportiva Joan Gamper. Para cuando llegó la crisis de la era Frank Rijkaard -y una vez descartado Van Basten- Guardiola se convertía en la opción natural; saltaba del banquillo del filial al del primer equipo. De Tercera División a Primera.

Fue una apuesta de riesgo en un momento de crisis. Una apuesta por un novato que había devuelto el fútbol al maltrecho Barça B. Guardiola, con tan sólo un año de experiencia, se lanzó a la piscina. "Siempre da un paso adelante, es un tipo que está seguro de lo que hace", dice Guillermo Amor, su ex compañero de equipo, una referencia para Guardiola. "Afronta los retos con carácter y está preparado intelectualmente".

A sus 38 años, Guardiola es una apisonadora. Como su equipo. En su entorno le describen como un hombre inteligente, apasionado y obsesivo, un torrente que ha sacudido la institución. "Se tiene que pegar unas dormidas impresionantes", bromea Xavi, hombre clave de este Barça. "No hay secreto: él lo da todo, no se da un respiro. Es un enfermo del fútbol, no sé si se da cuenta de su intensidad. Se implica tanto y hay tanto compromiso por su parte que si no respondes, quedas retratado".

Su autoexigencia viene de lejos. El propio Jordi Pujol la ha utilizado más de una vez en sus mítines. Dolors, la madre de Pep, pasa las páginas del álbum familiar, en la casa de Santpedor. Aparece la imagen del pequeño Guardiola recogiendo un trofeo al mejor jugador del torneo de manos del president, año 1986. Pero está llorando. Llora porque ha fallado un penalti. Le puede más la rabia por el fallo que la alegría por el premio. Autoexigencia.

Cuenta Dolors que el pequeño Guardiola iba para futbolista porque daba muchas patadas en el vientre. Valentí, el padre, que trabajaba de albañil, recuerda que el nen rompió la cuna de sus hermanas mayores de las patadas que daba cuando era bebé. Vamos, que apuntaba maneras. Una chica del pueblo, Pilar, cinco años mayor que él, fue con quien Pep empezó a jugar al fútbol.

Los cuatro hermanos Guardiola recibieron una educación honrada, estricta. "Bastante rígida", dice Pere, el hermano pequeño, sentado a los mandos de su Audi.

-Niños, ¿queréis parar de jugar a la pelota?

-¡Que no, mamá, que queremos jugar!

-¡Bueno, haced lo que queráis!

Cuando se producía esta escena, Pere y Pep se miraban. Pere animaba a seguir dando balonazos. A Pep le daba el ataque de responsabilidad y se guardaba la pelota bajo el brazo. "Siempre fue muy responsable", recalca su hermano, con esa voz ligeramente velada y esa mirada intensa, de pillo. "Es muy pesado cuando algo se le mete en la cabeza, no para. Es leal, fiel, honesto, un tío especial. También tiene sus cositas, se vuelca en lo suyo, se encierra".

El escritor y cineasta David Trueba es uno de los grandes amigos de Guardiola. "Viene de una familia muy humilde, pero son muy brillantes, muy honestos", cuenta, "nada le ha influido tanto como su familia". Trueba se ríe al recordar el carrerón que Guardiola se metió por la banda en la semifinal de la Champions, cuando Iniesta marcaba en el descuento el gol que significaba el pase a la final. "Durante quince segundos, se le olvidó que ya no era el recogepelotas, hasta que de pronto se dio cuenta y se ajustó la corbata: ¡coño, que soy el entrenador! Pep aún tiene el alma del niño que jugaba a la pelota en su pueblo".

De su conocida inclinación por los libros, la música y el cine ya se hacen bastantes chistes en el programa Crackòvia de TV3. David Trueba es uno de sus gurús: le recomienda películas, libros. El gusto por la ropa chic le viene por parte de su compañera, Cristina Serra, cuya familia tiene una conocida tienda de ropa. Cristina es la mujer que alimentó sus finos gustos, los viajes, la fotografía, la lectura. Manel Estiarte, el maradona del waterpolo español y gran amigo de Guardiola, define a Cristina Serra: "Es una mujer que une a la madre de antes con la mujer de hoy: capaz, moderna, con idiomas, arreglada". O sea, en las antípodas del prototipo de mujer de futbolista.

"Es muy orgulloso", dice su hermano, "y por eso el tema de la nandrolona fue un golpe brutal". Al acabar su etapa de jugador en el Barça, cansado de la presión del entorno, Guardiola se marchó a Italia a probar suerte. Estaba jugando en el Brescia, en 2001, cuando fue acusado de doparse. Llamó a su amigo Manel Estiarte, que entonces estaba también en Italia, en Pescara: "Necesito un abogado". Al día siguiente, Estiarte cogía un avión para plantarse en su casa. "Pensaba encontrar a una persona hundida, pero se había tirado toda la noche documentándose, ya estaba vivo". Se tomó la defensa de su inocencia a pecho. Obsesivo. Pep es obsesivo. Y más si se trata de defender su prestigio. Seis años más tarde, en 2007, ya retirado, la justicia le daba la razón. La batalla fue larga, pero obtuvo recompensa. "Es un diésel", define Evarist Murtra, que fue vicepresidente del Barcelona en la época de Josep Lluís Núñez.

Atardece en Santpedor y los niños, con petos naranjas y amarillos, se ejercitan sobre el césped del polideportivo municipal. Como no podía ser de otro modo, las instalaciones llevan el nombre del ídolo local. "Aquí el número cuatro se paga caro; todos los niños quieren llevarlo a la espalda", dice Isidoro Mata, el presidente del Club de Fútbol Santpedor. El cuatro era el número de Guardiola. Un número que adquirió un nuevo significado en el Barcelona de Dios; perdón, de Cruyff. Milla, Guardiola, Celades... El Barça es una fábrica de cuatros. Siguen saliendo cracks con vocación de cuatros. Xavi, Iniesta, Sergio Busquets. La producción no para.

"Siempre me ha cautivado Pep", dice Xavi, "era el más rápido mentalmente". El jugador explica cómo jugaba Guardiola con una sucesión de veloces movimientos de cuello, mirando de un lado a otro: "Parecía que tenía un ojo en la nuca, todo el rato girando la cabeza, como si tuviera retrovisores". Guardiola veía la jugada antes que los demás.

Parece que en el banquillo, esa mirada que se anticipa tampoco le da malos resultados. "Nos analiza los partidos, nos dice por dónde podemos entrar, da tres matices, y a jugar". En su equipo los defensas atacan y los delanteros defienden. Se juega desarrollando el guión que empezó a escribir Cruyff: 4-3-3, atacar, jugar la pelota. Tan sencillo y tan complicado. "Para un futbolista, el fútbol que propone es un lujo", resume Xavi.

Guardiola conoce muy bien la casa. Es culé hasta el tuétano. Luchó por tener su propio equipo de técnicos, y todos señalan que eso fue un acierto. "Sabía que si tenía el control del vestuario, triunfaría", dice su representante, José María Orobitg, "se rodeó de gente leal y no de trepas". No es un déspota. Sabe cómo tratar a los jugadores. Horas de trabajo, pasión, exigencia. Y compromiso con una manera de entender el fútbol. Son algunos de los factores que ayudan a explicar un éxito. "Dejó claro que por encima de todas las individualidades está el grupo", dice Evarist Murtra. Juan Carlos Unzué, el entrenador de porteros, que estuvo cinco temporadas con Rijkaard y ahora una con Pep, lo explica de forma concisa: "Cuando haces algo que sientes y crees en ello, eso se transmite. Además, el fútbol lo ve muy rápido".

Su amigo David Trueba dice que no le ve haciendo las maletas para irse a entrenar a Turquía, o donde toque, el día en que su aventura en el Barça termine. "Lo veo entrenando a niños".

Cantona esta triste, su Manchester a sido derrotado, pero los Iluminados no perciben tristeza en sus ojos, en el fondo de la sala, apoltronado en un cómodo sofá, su cara evoca una sonrisa justo cuando en la television aparece Guardiola levantando la Champions, se miran unos a otros extrañados, ¿porque sonríe Cantona?

muy sencillo, esta viendo a su discípulo, al hombre que muy pronto se hará cargo de los Iluminados cuando el ya no este en el Club, Pep Guardiola la luz suprema.

Estés donde estés, un abrazo Salvador.

sábado, 23 de mayo de 2009

EL FUTBOLISTA MAOISTA

En la década de 1970 hubo un futbolista que era seguidor de Mao Tse Tung y la revolución cultural china: el alemán Paul Breitner, quien como muchos jóvenes de Alemania y el mundo en los setenta, era seguidor de Mao y la Revolución China. Breitner pertenece a la generación de mayo del 68, partidario de Ho Chi Minh, lector del Libro Rojo y admirador del Che Guevara. Llegó a ser jugador profesional en 1970, jugando de lateral izquierdo. Con apenas 22 años y luciendo el famoso “afro”, fue campeón mundial con la selección de la República Federal de Alemania, anotando el gol en la final ante Holanda, la sorprendente naranja mecánica. Pese a esto, no tuvo nunca una buena relación con la selección nacional, llegando a renunciar tres veces. Breitner pasó a jugar en el medio campo al ser fichado por el Real Madrid, cuya llegada al club merengue era equivalente a la de un marciano. ¡Un maoísta en el club de Franco! Encontrándose allí dio muestra de su rebeldía al dar medio millón de pesetas como donativo a obreros metalúrgicos de la fábrica Standard que se encontraban en huelga. Su oposición al capitalismo, encarnado en los dirigentes del Real Madrid, le valió que el club lo declarara “jugador conflictivo” y cancelara su contrato, regresando a su club de origen: el Bayern de Munich. Breitner fue campeón de la copa mundo en 1974, subcampeón mundial en 1982, campeón de la copa Europa de naciones y campeón de la copa de Europa de clubes, logrando también varios títulos nacionales. Por su excelente rendimiento futbolístico y su potencia fue calificado como el mejor centrocampista alemán. Se dijo de él que era un futbolista “capaz de pensar y poner en práctica con las piernas lo que concebía con la cabeza”. Todo en 13 intensos años de carrera futbolística, retirándose en 1983 por una lesión. Un año antes, el Partido Comunista Chino había abandonado oficialmente el maoísmo. Se este o no deacuerdo con sus ideales, nadie puede negar el inconfundible sello Iluminado de su persona, Aunque Cantona tendrá que estar una tarde con el, para explicarle que es una votación consensuada entre todos, algo que Mao practicaba mañana tarde y noche,menudo pedazo de genocida, una vergüenza de persona, un sátrapa y dictador, ¡Paul Breitner Iluminado!

viernes, 15 de mayo de 2009

PERRO CALLEJERO

Un genial posteo de el gran Ruben Uria nos acerca a la figura de un tipo iluminadamente loco tanto dentro como fuera del campo.
Según David Coles, prestigioso periodista de la BBC, ‘los mejores futbolistas de la historia han sido Bobby Moore, Maradona, George Best, Cruyff, Yashin, Rivelino, Beckenbauer, Bobby Charlton, Pelé y... Robin Friday'. Nada Nuevo bajo el sol, salvo por el último nombre de la lista de mejores jugadores de todos los tiempos, Robin Friday, un auténtico desconocido para el gran público. Marginal y autodestructivo, capaz de lo mejor y de lo peor, Robin Friday fue un futbolista del Reading que brilló de manera tan fugaz como sonada en Las Islas, durante la década de los setenta. Se hizo famoso por sus golazos en la cuarta división inglesa y sobre todo, por sus excesos con el whisky, el vodka, la cerveza y su afición a los clubes nocturnos y las drogas. Nunca llegó a jugar en Primera división, y murió hecho un auténtico despojo humano, víctima de una sobredosis de heroína, cuando acababa de cumplir los 38 años. La sórdida historia de Friday sirvió para inspirar a muchos grupos británicos, como Los Super Furry Animals, y también fue icono de referencia para los hermanos Gallagher y su grupo, Oasis. Además, el libro sobre las aventuras y desventuras del peculiar futbolista, ‘The Greatest Footballist you never saw‘ [El mejor futbolista que viste jamás], es el fiel relato de la vida de un goleador incomprendido que, como en la canción del grupo Los Secretos, ‘no sabía explicar por qué se volvía vulgar al bajarse de cada escenario'. Es la sorprendente historia de Robin Friday, el rey del fútbol que nunca llegó a coronarse. La historia del hombre que pudo reinar.

Robin Friday nació en el verano de 1952, un 27 de junio, justo tres minutos antes que su hermano gemelo Tony y creció, como Diego Armando Maradona, en un barrio privado. Porque Hammersmith, su hábitat natural, era exactamente eso. Un barrio privado. Privado de luz, privado de agua y privado de comodidades. Como Villa Fiorito, el arrabal que vio crecer al pequeño Maradona. En su época infantil comenzó a jugar en el Queen's Park Rangers y poco después los cadetes del Chelsea y también en el Walthamshow Avenue. Sin embargo, escogió jugar en el Hayes, un equipo más que modesto de Cuarta División, por dos poderosas razones: primero, su estadio estaba cerca de su casa, en Acton; y segundo, la sede del club estaba muy cerca de un pub donde servían cerveza algo más que barata. El Hayes, que atravesaba dificultades económicas y que estaba formado por trabajadores del barrio, solía disputar sus partidos los sábados. En la mayoría, salía a jugar con diez hombres. El motivo era Robin Friday. Cuenta la leyenda que solía llegar siempre tarde, y que tenían que ir a buscarle de taberna en taberna, hasta dar con su paradero. Normalmente, solía estar atiborrado de cervezas en algún pub, o dormido en algún banco del parque. Cuando le daban la voz de alerta y le decían que el partido del Hayes ya había comenzado, Friday se acercaba al lugar del partido, se ponía la camiseta y jugaba como si estuviera poseído por alguna extraña fuerza. Dicen que, incluso borracho, era capaz de marcar varios goles. Su estómago estaba hecho a prueba de bombas, así que el bueno de Robin solía ser decisivo en todos los partidos de su equipo, incluso estando en permanente estado de embriaguez. Friday agarraba la pelota, demostraba que tenía alas en los pies, eludía a todos los defensas y siempre encontraba una autopista hacia la portería contraria. Jugaba con una insultante facilidad. Y nadie era capaz de frenar sus esláloms con la pelota pegada al pie. Entre otras cosas, porque el único enemigo de Robin Friday era el propio Robin Friday.

En 1972, la vida le dio el primer aviso serio a Friday. Un hospital llamó a la sede del Hayes por aquellas fechas. Habían encontrado a Robin absolutamente borracho, ensartado en una púa metálica de una verja. La púa le había atravesado la espalda, había perforado el estómago y también había rozado uno de sus pulmones. Una ambulancia le trasladó de inmediato al hospital donde, después de seis intensas horas de operación en el quirófano, los médicos lograron que no se fuera para el otro barrio. Tres meses después de aquel incidente, Friday se recuperó y volvió a jugar al fútbol con regularidad. En uno de sus esporádicas actuaciones con el Hayes, captó la atención de Charlie Hurley, un manager que apostó por su calidad y le firmó su primer contrato, 750 libras. En 1974 fichó por el Reading, que militaba en Tercera. Fue allí donde, en marzo de ese año, marcó uno de los mejores goles de la historia del fútbol inglés, ante el Tranmere Rovers. Un tanto que tuvo tanta plasticidad y belleza que el árbitro del encuentro, Clive Thomas tardó en conceder el gol porque, después de ver con sus ojos aquel gol, se había quedado de piedra, con las manos en la cabeza y sin saber qué decir. Después de esa exhibición, su entrenador, Maurice Evans, quiso hablar seriamente con él acerca de su futuro.

- Oye Friday, si sigues con nosotros tres o cuatro años, jugarás en Inglaterra.
- Y usted...¿Cuántos años tiene usted? - contestó Friday-.
- Pues tengo muchos, muchos años - replicó el entrenador- ¿Por qué?
- Mire entrenador - remató Friday -, tengo la mitad de su edad y yo ya he vivido tanto que, con mi edad, ya he vivido dos veces su vida.

También fue en el seno del Reading donde, de la noche a la mañana, decidió desaparecer. Corría el año 1975, y Robin Friday había desparecido en combate, encontrándose en paradero desconocido, incluso hasta para sus familiares, que no sabían nada de él. La directiva del Reading tardó casi un mes en encontrarle. Vivía en Cornwall, en una comuna hippie. Allí había descubierto la filosofía ‘peace and love', la marihuana y los estupefacientes.

El último cartucho de la carrera del controvertido Friday llegó cuando el Cardiff City, de Gales, se prestó a dar un golpe de efecto y depositar 30.000 libras esterlinas por sus servicios. Allí firmó un par de goles propios de Best, dejó regates que hubiera firmado Mané Garrincha e incluso se permitió el lujo de anotar dos golazos al West Ham, equipo en el que entonces jugaba Bobby Moore, uno de los mejores defensas de todos los tiempos. Su aventura en Cardiff, para variar, fue tan efímera como las otras. Con la camiseta del City sólo disputó 25 encuentros, para después, por rutina, volver a descender a los infiernos. El Pelé de Hammersmith volvió a beber de manera compulsiva - quizá porque nunca lo dejó-, volvió a protagonizar sonadas espantadas y fue acusado de trapichear con drogas y trabar amistad con algunos camellos de los bajos fondos. Su último escándalo público llegó al ser detenido por la policía después de colarse en un tren sin pagar el billete. Sorprendido por los agentes, Robin Friday se resistió a que le arrestaran, y acabó por obsequiar a uno de los bobbys que le querían detener con un beso en la boca. Acabó en prisión por desacato a la autoridad. Después de aquello, no hubo vuelta atrás para Friday. Su estrella se apagó, ningún equipo quiso rescatarle de su abandono y terminó vagabundeando por las calles, borracho y drogado. Algo que no fue óbice para que, en una votación popular, los seguidores del Cardiff City le votaran como Mejor Jugador de la Historia del Club, por delante de Robert Earnshow y de un viejo conocido de la afición española, el galés John Toshack.

Un 22 de diciembre de 1990, cuando todavía no había cumplido los 40 años, apareció muerto. La autopsia revelaría que Robin Friday, el héroe del suburbio de Hammersmith, había fallecido al ser víctima de una sobredosis de heroína, lo que le provocó un paro cardiaco. Era la crónica de una muerte anunciada. El triste final para un talento que se volvía vulgar al bajarse de cada escenario. Dejó viuda a su esposa, Maxine, y huérfana a su hija, que hoy es abogada de Derecho Penal, así como numerosas deudas de juego y tráfico de drogas.

Hace justo un año, un 12 de febrero de 2008, la prensa inglesa publicaba el ránking más peculiar y curioso de toda la historia del fútbol de Las Islas. El título del ránking era el siguiente: "Los diez chicos más malos del fútbol inglés". En el top-ten, algunos clásicos como Stig Tofting, Lee Hughes, Eric Cantona, Paolo Di Canio, Tony Adams o el célebre Vinnie Jones. Sin embargo, el primer lugar, por abrumadora mayoría, era para un tipo que jamás llegó a jugar en Primera División, y que era conocido como "El Pelé de Hammersmith". Robin Friday fue, según la prensa inglesa, el mayor "Bad Boy" de la historia. En su currículum, lindezas de todo pelaje: Arrestos policiales, trifulcas en cafeterías, dos pubs arrasados la misma noche, coqueteos con las drogas, acabar ensartado en una verja sin motivo aparente, ingresar en una comunidad hippie o patear la cabeza del ex del Liverpool Mark Lawrenson - hoy periodista de la BBC- para después, no contento con eso, colarse en el vestuario y defecar dentro de la bolsa de deporte del agredido. Robin Friday, el chico más malo de Inglaterra, el rebelde sin causa que acabó convertido en un juguete roto, sigue siendo un icono entre los aficionados de Las Islas.

En España continúa siendo un futbolista anónimo, un absoluto desconocido para el gran público, pero los que le vieron jugar aseguran que, de no haber llevado esa vida, Robin Friday habría sido el mejor centrocampista del país. En su lugar, la botella acabó con su poder y la droga paró el latido de su corazón. Robin Friday fue el chico más malo de toda Inglaterra y uno de los mejores jugadores de todos los tiempos. Un ángel en el campo, un diablo fuera de él. Un superdotado en el verde y un despojo fuera de él. Un dios del fútbol y un apóstol de las drogas. Jamás llegó a jugar en Primera División, pero su leyenda forma parte de la historia. Robin Friday fue el hombre que pudo reinar.

Nombramos por aclamación a Robin Friday fundador honorífico de el Club de los Iluminados, un cuadro con su autorretrato acompañara a sus compañeros Iluminando las paredes del salón principal, descansa en paz Robin.

jueves, 30 de abril de 2009

JORGE CAMPOS ILUMINADO DEL MES

Enhorabuena a Jorge Campos Iluminado del mes, en una reñida encuesta con su compatriota Valderrama,a ganado la oportunidad de llegar a la luz suprema, la ceremonia a sido muy emotiva, celebrada en el salón de plenos, el trofeo a sido otorgado por el mejor Iluminado de 2008 el gran Vinnie Jones, el cual otorgara todos los trofeos mensuales, agradecemos de corazón a todos los votantes, y todo el club en pleno anima a seguir votando, porque nuestros Iluminados se lo merecen, ¡ayudales con un click de ratón a lograr su sueño!



viernes, 17 de abril de 2009

BORN IN THE U.S.A

El mejor mundial de la historia, en 1994 El Club de los Iluminados se reunió por completo en ese fantástico país de las oportunidades, fue la primera vez que todos los miembros, asistían a una fase final de la copa del mundo, el resultado no pudo ser mas maravilloso, la energía que irradiamos allí, provoco una explosión de goles y buen juego, que quedara en la retina de todo buen aficionado a este deporte, la cantidad de estrellas, jugadas de ensueño,polémica y tensión fue tan enorme que marco un antes y un después en EEUU y en el fútbol, muchos de los que fueron protagonistas de aquel espectáculo, serian años mas tardes ilustres Iluminados, los observabamos y sin darse cuenta, abrieron con su juego las puertas de la luz.Las gradas se llenaron en cada partido, la afición enloqueció durante esos días, cada partido era una fiesta, fue como un orgasmo de puro fútbol,ese verano esta marcado en rojo por el Club, y como no podía ser de otra manera, lo gano el show, lo gano Brasil.

XV Copa Mundial de Fútbol
Estados Unidos 1994
World Cup '94
Cantidad de equipos 24 (de 147 participantes)
Sede Bandera de los Estados Unidos Estados Unidos
Fecha 17 de junio de 1994
17 de julio de 1994
Podio
• Campeón
• Subcampeón
• Tercer lugar
• Cuarto lugar

Bandera de Brasil Brasil
Bandera de Italia Italia
Bandera de Suecia Suecia
Bulgaria
Partidos 52
Goles anotados 141 (2,7 por partido)
Espectadores 3.587.538 (68.991 por partido)
Bota de oro Hristo Stoitchkov (6)
Oleg Salenko (6)
Balón de Oro Romário
Equipo más atractivo Bandera de Brasil Brasil
Premio juego limpio Bandera de Brasil Brasil
Premio Yashin Michel Preud'homme

lunes, 13 de abril de 2009

EL PARTIDO DE LA MUERTE

Esta historia por mas veces que haya sido contada y leida, no deja de poner los pelos de punta.
Corría el año 1941. El yugo de los nazis amenazaba a Europa, los ejércitos de Hitler habían invadido la Unión Soviética y Kiev, la capital de Ucrania, caía bajo el empuje de los tanques alemanes el 19 de septiembre. Durante los meses siguientes la ciudad se convierte en un infierno de miseria, muerte y desesperación. Sobre todo para los presos soviéticos liberados, a los que no se les permitía trabajar ni vivir en casas propias, condenándolos a la indigencia. Entre aquellos soldados, después de haber escapado con vida de un campo de prisioneros, se hallaba Nikolai Trusevich, el gigantesco portero del Dinamo de Kiev. El estallido de la guerra había acabado por disolver su equipo, y Trusevich sobrevivía al frío y al hambre en absoluta mendicidad. Vagaba por las calles de Kiev sin haber probado bocado en varios días, con agudos síntomas de desnutrición y sin techo alguno donde cobijarse. Fue entonces cuando Josef Kordik, un panadero de origen alemán, reconoció a su ídolo nada más verlo. En tiempos de paz le hubiera pedido un autógrafo, pero a Kodrik no le iba nada mal en tiempos de guerra, y decidió aprovecharse de él. Le ofreció algo de comida, le dio un abrigo raído y le contrató como barrendero de su negocio. A cambio, le encargó encontrar a sus compañeros, los jugadores del poderoso Dinamo de Kiev, a los que fue contratando poco a poco para trabajar en la panadería. Allí, entre harina, levadura y sal, nació el FC Start, un equipo de nuevo cuño formado por integrantes del Dinamo y por futbolistas del Lokomotiv. Los integrantes originales de aquel heroico equipo fueron ocho nombres que pasaron a los anales de la historia del fútbol primero, y de la Segunda Guerra Mundial después. Ocho jugadores del Dinamo de Kiev formaban la columna vertebral del equipo. Eran Nikolai Trusevich, Mikhail Putistin, Ivan Kuzmenko, Makar Goncharenko, Mikhail Sviridovskiy, Nikolai Korotkykh, Aleksey Klimenko y Fedor Tyutchev; el resto del Start lo completaban tres jugadores de otro equipo de Kiev, el Lokomotiv: Vladimir Balakin, Vasiliy Sukharev y Mikhail Melnik. Todos presentaban un lamentable aspecto físico, hasta el punto de que algunos de ellos estaban afectados de neumonía, y la mayoría no había comido de manera decente en los últimos quince días. Makar Goncharenko, una de las estrellas del Dinamo, relataba así su ‘fichaje’ por el Start FC, y su trabajo en la panadería número 3 de Kodrik
- Me escondía en la casa de mi suegra. Nikolai me contó la idea y lo ayudé a encontrar al resto de los muchachos. Estábamos desesperados, necesitábamos comida y techo. No se podía elegir.
Para ellos no había elección, pero, su salvador, el panadero Josef Kordik, estaba a años luz de comulgar con la conciencia del célebre Oscar Schindler. No había rescatado de las garras del hambre a los futbolistas por un fin altruista, sino todo lo contrario. Con el propósito firme de hacer caja, se reunió con miembros destacados del Tercer Reich alemán y les hizo ver la posibilidad de poder enfrentarse a través de partidos amistosos con el Start, el equipo soviético al que él mismo había decidido dar cobijo en su panadería. La propuesta de Kordik se convirtió en la coartada perfecta para perpetrar un crímen deportivo que ensalzara la propaganda nazi, con el balón de por medio. Los nazis, unos expertos en la materia, ya habían manchado la pelota en Austria, y se habían quedado con ganas de organizar la Copa del Mundo en 1942. Ucrania era territorio conquistado, y qué mejor que una serie de partidos de fútbol para engatusar a la población con el opio del pueblo, para dar una falsa sensación de normalidad.

Kordik puso una vela a Dios y otra, al diablo y, después de cobrar un buen dinero por adelantado, obligó a los futbolistas a jugar contra los equipos de fútbol de los nazis. Gracias a los generosos donativos de sus compatriotas, los jugadores del Start consiguieron once camisetas rojas, once pares de calcetines remendados y unos cuantos pares de botas viejas. El 7 de junio de 1942, jugaron su primer partido. Los futbolistas del Start FC, pese a estar famélicos y haber trabajado hasta altas horas de la madrugada el día anterior, vencieron 7-2. Su siguiente rival fue el equipo de una guarnición húngara. Los magiares tampoco fueron suficiente enemigo y cayeron goleados por los presos ucranianos, por 6-2. Más tarde, cuando muchos de los jugadores del Start recuperaron sus mejores condiciones físicas, fueron capaces de anotar hasta once goles a un combinado rumano, reforzado por varios alemanes. Después de tres goleadas consecutivas, lo que había arrancado como un negocio para el panadero Kodrik y como un pasatiempo para el yugo nazi, se estaba empezando a convertir en un estorbo para la supremacía de los alemanes en Ucrania. Habían ocupado Kiev, sí, pero aquel equipo, el Start, se había convertido en un ejemplo de orgullo, en un símbolo de resistencia, en el último bastión de la esperanza local. Aquellos tres triunfos provocaron que Trusevich, el portero, arengara a sus compatriotas a seguir la línea mostrada en sus primeros compromisos…
- No tenemos armas, pero venceremos en la cancha a los fascistas bajo los colores de nuestra bandera.
Las palabras de Trusevich se clavaron como un puñal en el Tercer Reich, y el verano de 1942 sirvió para que los alemanes comprobaran, frustrados una y otra vez, cómo aquel Start vencía, uno por uno, a todos los combinados que los nazis presentaban. El 17 de julio, el Start dio buena cuenta de un equipo integrado por soldados alemanes, que encajaron un humillante 6 a 0. Ocho días después, el Tercer Reich les instó ‘amablemente’ a enfrentarse al MSG húngaro. Pero el poder de persuasión de los nazis que quedó sin efecto ante dos nuevas exhibiciones de Trusevich y sus compañeros, que vencieron primero por 5 a 1 y, dos días más tarde, certificaban su victoria en la revancha, dominando por 3-2. Después de aquellos resultados, el valeroso Start había agotado el vaso de la paciencia de los nazis. Derrotar a aquel conjunto de fútbol se había convertido en una situación enquistada para el Tercer Reich, y los nazis se aplicaron para llevar a cabo una venganza deportiva que sometiera, de una vez por todas, a aquellos prisioneros de guerra que vivían en una panadería, vigilados por guardias.

La venganza de los nazis se cocinó a fuego lento, y el brazo ejecutor fue la policía secreta alemana, las brigadas de elite conocidas como las SS. El 6 de agosto de ese año, en el estado Zenit, los nazis organizaron un partido en el que, con el balón como pretexto, se jugaban algo más que el honor. Por el lado alemán compareció un equipo invicto formado por miembros de la Flakelf, la temible Luftwaffe alemana - las fuerzas aéreas nazis-, reforzado por varios futbolistas profesionales de Baviera. Presentaban un magnífico aspecto, una dieta equilibrada y unos flamantes uniformes negros, con una esvástica bordada en el pecho y medias con ribetes blancos. Enfrente estaba el Start, el equipo de los presos soviéticos que se negaban a perder, y que presentaban un aspecto físico lejos de estar en condiciones mínimas para poder competir. Lucían uniformes rojos algo descoloridos, vestían overoles recortados y calzaban botas de trabajo. A pesar de que los prisioneros no habían comido el día antes, y de que la mitad del equipo estaba en los huesos, algunos oficiales alemanes decidieron dar las instrucciones pertinentes para coaccionar a los soviéticos. A Trusevich y compañía les ‘aconsejaron’ que no se emplearan a fondo, y el árbitro fue designado a dedo, con la recomendación de mirar para otro lado en caso de que los alemanes cayeran en el juego brusco. Con nada que ganar y mucho que perder, los de Kiev salieron al campo, recibieron una tormenta de patadas en contra sin rechistar, y golearon sin piedad a los alemanes por 5 a 1. Al día siguiente, los periódicos locales de la Ucrania ocupada no se hicieron eco de la victoria ucraniana, y los propios futbolistas se reunieron en la panadería, sabedores de que sus vidas tenían las horas contadas. Esa confirmación les llegó cuando, al día siguiente, las SS les informaron de que el 9 de agosto se celebraría un partido ‘definitivo’ de revancha. Era una declaración de intenciones. Un ultimátum.
El domingo 9 de agosto no cabía un alfiler en el graderío del Zenit Stadio. Las tribunas estaba ocupadas por oficiales nazis y las galerías, por miles de ucranianos, custodiados por alambres de espino y cientos de soldados. Antes del choque, un oficial de las SS entró en el vestuario ucranio, miró a los prisioneros de guerra y se dirigió a ellos en ruso, utilizando un tono autoritario y solemne.
- Soy el árbitro, respeten las reglas y saluden con el brazo en alto. Es una órden.
Los alemanes - camiseta blanca y pantalón negro-, siguieron las instrucciones al pie de la letra. Pisaron el campo, presentaron formación y saludaron a las autoridades del palco con el brazo en alto. Todos gritaron ‘¡Heil Hitler!’. Los ucranianos - camiseta roja y pantalón blanco- no pusieron precio a su dignidad. Saltaron al campo, presentaron formación en fila india, alzaron el brazo…y obedecieron las órdenes de su corazón. Ignorando la advertencia del árbitro, se llevaron el brazo al pecho y en lugar de gritar a favor el Führer, aunaron sus voces en un desgarrador grito que resonó por las gradas del estadio:
- ¡Fizculthura!
Era el enésimo desprecio de los prisioneros hacia los consejos de sus vigilantes, y en esa atmósfera comenzó el encuentro. Con los ucranianos mostrando rebeldía y con los alemanes deseosos de pisotear el orgullo de aquellos prisioneros de guerra. Los teutones marcaron primero, pero el Start reaccionó con varias combinaciones de contragolpe y consiguió darle la vuelta al marcador, marchándose a los vestuarios con 2 a 1 a su favor. Una vez en la caseta, los soviéticos recibieron varias ‘visitas’ de oficiales alemanes que se afanaban en exigirles que levantaran el pie del acelerador en la segunda mitad, so pena de perder la vida. Incluso les amenazaron con asesinarles si se atrevían a salir al campo en el segundo tiempo. Sin embargo, los jugadores del Start declinaron sus miedos y decidieron saltar al terreno de juego. Estaba en su mano humillar al ejército invasor, derrotar en el campo a los que les habían arrebatado la vida a sus compatriotas, y era un partido que querían ganar. No importaba a qué precio. No importaba si se perdía la vida. El Start salió al campo, pisó el acelerador, jugó como nunca y marcó más goles. Con 5-3 a favor de los presos, el habilidoso Klimenko realizó una incursión en la zaga alemana, regateó al portero y, cuando todos esperaban el gol, se dio la vuelta y chutó hacia el centro del campo. Las gradas del estadio Zenit se venían abajo. Klimenko había encontrado el modo de machacar el orgullo alemán, y de dar una bofetada brutal a las SS. El estadio se vino abajo y se escuchó una ovación atronadora para el valor de los prisioneros de guerra. El comandante de ocupación alemán, Eberhardt, era insultado por un verdadero coro popular, y decidió abandonar el estadio absolutamente avergonzado.Una nota de prensa de las SS resumió el choque de manera tan escueta como tendenciosa.
- Fue un partido entre el Start local y el Flakelf, un encuentro lo de menos fue el resultado. Fue un partido lleno de deportividad e igualdad. Enhorabuena a ambos bandos.
Días después, los alemanes les hicieron jugar contra el Rukh, en un choque donde volvieron a amenazarles de muerte si ganaban. El Start habló en el campo. Lo hizo de manera contundente. Con un 8 a 0. Fue el desencadenante de una visita sorpresa de la GESTAPO a la panadería de Kodrik. Había comenzado la cacería humana. Nikolai Korotkykh fue el primero que murió. Lo torturaron con saña, hasta matarlo, aunque no consiguieron que de su boca saliera el nombre de algunos colaboradores comunistas. Los otros diez jugadores del Start fueron enviados al infierno de Sirtez, un campo de concentración de dureza extrema. Ivan Kuzmenko, delantero centro, fue ejecutado después de que una brigada alemana sufriera el ataque de un grupo de partisanos. Más tarde llegaría el turno para el orgulloso Klimenko - el que se negó a marcar el gol después de haber regateado al portero-, al que asesinaron a sangre fría. A Trusevich, el guardameta y fundador del Start, le llegó la hora un día después. Cuenta la leyenda que murió con la cabeza bien alta, y dejando para el recuerdo una última frase que perseguiría hasta el final a sus verdugos.
- Podéis matarme a mí, podéis asesinarnos a todos, pero el deporte rojo nunca morirá.
Goncharenlo, Tyutchev y Sviridovsky sobrevivieron de milagro a las ejecuciones de los alemanes. Cuando los nazis abandonaron Kiev y el Ejército Soviético de Stalin venció a los nazis, todo parecía indicar que el infierno de los futbolistas del Start había acabado. No fue así. De manera tan injusta como sorprendente, los supervivientes del horror fueron acusados de colaboracionismo, por jugar a fútbol con el enemigo en época de guerra. Ninguno de los tres fue ejecutado por la policía represora de Josef Stalin a cambio de silencio absoluto. Los stalinistas no sólo no consideraban que aquellos prisioneros de guerra no habían tenido un comportamiento heroico, sino que fueron acusados de “confraternizar” con el nazismo y las SS. Hasta 1959, Goncharenlo, Tyutchev y Sviridovsky, así como el resto del equipo ya fallecido del Start, tuvieron que vivir con la vergüenza de ver cómo eran repudiados por sus propios compatriotas, después de haber dado su vida por resistir al enemigo. Un libro editado en Ucrania, The Final Duel, investigó el caso del Start, después de una minuciosa investigación acerca de cómo fueron los hechos y de qué modo encontraron la muerte aquellos futbolistas. Cuando cayó la Unión Soviética, la URSS, el periodista Andy Dougan decidió escribir la novela ‘Dynamo: El partido de la muerte’, en cuyas páginas se detallaba, de manera exacta, la tragedia de los jugadores del Start. Dougan contó con el testimonio del único futbolista vivo del Sart, Makar Goncharenko que, poco antes de fallecer, en 1996, seguía pensando que no era un héroe…
- Mis amigos no murieron porque fueran grandes jugadores, murieron como tantos otros porque dos regímenes totalitarios se enfrentaron. Estábamos condenados a ser víctimas de una masacre a gran escala.

En 1961, la película húngara “Két félidő a pokolban“ se basó en esos hechos reales para honrar la memoria de aquel equipo, y veinte años después, el director de cine americano John Huston usaría la historia para construir el guión de su película ‘Evasión o Victoria’. En aquella cinta se dieron cita futbolistas famosos como Pelé, Bobby Moore o Ardiles, mezclados con actores de talla internacional como Silvester Stallone, Michael Caine o Max Von Sydow. La película de Huston fue un gran éxito en la taquilla, pero no reflejó el lado más crudo del triste relato del Start ucraniano. Huston prefirió ignorar que, en la vida real, los malos sí pueden ganar.
A día de hoy, en Ucrania, los jugadores del FC Start son héroes de la patria, y su trágica historia forma parte del temario de los libros de texto que se estudian en los colegios de Kiev. En el estadio Zenit se mandó esculpir en mármol una placa con la siguiente leyenda:

- A los jugadores que murieron, con la frente en alto, ante el invasor nazi.

Quienes fueron testigos de ‘El partido de la muerte‘, quienes conservan una entrada de aquel partido, el más triste de la historia, tienen asegurado, de por vida, un pase vitalicio para asistir a todos los encuentros del Dínamo de Kiev. En los escalones de la cancha hay un monumento que recuerda a los héroes del Start, el equipo al que nadie venció entre 1941 y 1942. Una foto los recuerda y la leyenda queda grabada en la frase que se lee debajo: “De la rosa sólo nos queda el nombre”.

El Club de los Iluminados se enorgullece en nombrar a todos los miembros del FC.Start fundadores honorificos, un cuadro con sus imagenes sera colgado junto a sus compañeros,en el salon principal, porque la mayor de las victorias no se gana en el campo,no depende de un resultado, de mas o menos goles,depende de unos valores,un coraje una dignidad,las mejores victorias se celebran en el cielo.