martes, 28 de octubre de 2008

GALICIA CALIDADE

Os dejo con una entrevista concedida al diario AS, resume perfectamente la figura de este genio Iluminado.David Vidal Tomé (Portosín, A Coruña, 1950) camufla en su carácter expansivo y en sus exagerados ademanes un entrenador profundamente táctico, escrupuloso con cada detalle del partido, con cada gesto en el vestuario. "Ensayo cada semana hasta el saque de centro. Si lo juegas hacia adelante y creas una oportunidad de ataque, mandas un mensaje a tu público y al rival: 'Tengo hambre de ganar'. Empezar hacia atrás es desaprovechar una ocasión". Cumple ahora cuarenta años en el fútbol, al que llegó por entusiasmo y por huir de las olas de veinte metros: "Mi padre era pescador y mi hermano también. Y en un barco andaría yo, o me habría tragado el mar, si no hubiera sido por Arsenio y el balón".
Vidal se vio en un seminario a los once años. "Allí pasábamos catorce horas al día jugando, apiñados en un solo campo. Podías contar hasta veinte porteros y otros tantos balones. Aún me quedaban seis años más para ser cura cuando le dijeron a mi madre que no podía seguir allí. Me esperaba el mar y yo le tenía pánico. Mi padre me había llevado alguna vez en el barco y recuerdo aquellas olas gigantes. Y los seis meses pescando bacalao en Terranova a 40 bajo cero. Para huir de eso me presenté con un amigo a hacer una prueba con el Depor. Tenía 17 años y jugaba en la liga de la costa. Me mandaron que fuera a ver a un tal Arsenio Iglesias, que entrenaba al Fabril. Sólo habló mi amigo. 'Dale unas botas al chaval', le dijo Arsenio al utillero. Muchos años después, en una conferencia, dije: 'Arsenio engañó al Depor fichando a un central de tan pocas condiciones como yo'. Él estaba presente e intervino: 'Es verdad, pero tenía tanta ilusión... Probó durante mes y medio y pensé que podíamos sacar algo de aquel tío".
Así perdió España un sacerdote y ganó un futbolista modesto, que recorrió el país con entusiasmo, pero sin pasar de Segunda. En Cádiz se casó, acabó su carrera de futbolista y empezó la de entrenador. Fue en 1982. Desde entonces, ha dirigido a Cádiz, Logroñés, Rayo, Villarreal, Hércules, Compostela, Murcia, Las Palmas, Lleida y ahora Elche. Las canas están justificadas: 168 partidos en Primera y 236 en Segunda. Un larguísimo palmarés impensable para quien recibió un cero en táctica en la Escuela de Entrenadores: "Mi profesor era Clemente y el examen consistía en analizar tácticamente la final de Copa de 1985, que ganó el Atlético al Athletic por 2-1. Yo expuse que el Athletic se había equivocado colocando la defensa tan adelantada ante un equipo que jugaba al contraataque. Y resulta que a ese Athletic lo entrenaba Clemente. Entonces me preguntó en clase por qué había contestado así y yo le razoné, en la pizarra y en el campo, que esa zaga se rompía con paredes y diagonales. Él me dijo: 'Chaval, tienes razón, pero yo he ganado dos ligas jugando con la defensa adelantada'. Cuatro días después, en clase de técnica, Paquito, del que yo iba ser ayudante en el Cádiz, me preguntó: "¿Qué le has hecho a Clemente?". Aprobé el curso gracias al resto de asignaturas, porque hace pocos meses me enteré de que Clemente me puso un cero aquel día. Mi debut con el Cádiz, tres años después, fue contra su Espanyol en Barcelona. Me dijo: 'Tu eres el del curso, ¿verdad? No vayas a ganarme porque vengo de perder 6-1 con el Atlético y estoy en la cuerda floja'. Nosotros andábamos aún peor y le respondí: 'Si no te gano, no puedo volver a Cádiz'. Vencimos por 0-2 y a Clemente le destituyeron semanas después".
Sin agente.
"Soy de una aldea", repite varias veces en la tertulia. Suena que es para presumir y también para justificar por qué no entrenó a un grande: "Nunca tuve agente. Le dije no a Miguel Santos". Y aún así ha vivido bien del fútbol: "Tras dejar el Logroñés, me compré un barco y pasé dos años navegando hasta que se me acabó el dinero y tuve que volver a entrenar, pero sigo ligado al mar. Buceo una vez por semana, a pulmón, sin bajar de ocho metros. Y tengo un pequeño barco en Cádiz. Le puse 'Pío pío' porque lo compré con el dinero que gané en Las Palmas".
Sus veinticinco años en los banquillos le han enseñado a desdramatizar, a no perder el buen humor. El 0-3 ante el Salamanca no le borró la sonrisa: "Nos robaron el balón y cuando quisimos darnos cuenta estábamos muertos. Ese Quique Martín tuvo dos ocasiones y metió las dos. Lo mismo le pasa a Raúl, el del Madrid. Nosotros, en cambio, necesitamos ocho para meter una. En cualquier caso, el Elche es un equipo humilde, en época de vacas flacas, hecho para quedar el décimo. Su presupuesto es dos millones más bajo que el del año pasado. La ficha más alta es de 300.000 euros brutos. Suplentes de entonces son titulares ahora. Se han ido Gastón Casas, Peragón... Aún así, antes iban al campo 4.000 y ahora llevamos a 14.000, y seguimos soñando con subir". Las explicaciones empiezan en el Elche y alcanzan pronto a toda la Segunda: "En Primera, casi todos los goles llegan en acción, en movimiento. En Segunda, el 75% son producto de lances a balón parado. Es una categoría de obreros, donde manda la táctica. Un solo delantero se enfrenta a dos centrales. Hay pocos cambios de juego, pocos controles y mucha ansiedad. Por eso es importante el entrenamiento. En mi diccionario no existe la pachanga. Nosotros tenemos prohibido que el lateral que recibe del portero pase hacia atrás y procuramos que la jugada del extremo rival muera en la banda recurriendo a las ayudas del central o del pivote defensivo. Y no toleramos la expulsiones. Bastante cuesta ganar con once como para intentarlo con diez. Entre Segunda y Segunda B sólo hay un escalón. Entre Segunda y Primera, cuatro". Y entonces se acuerda de su Logroñés, al que hizo décimo dos años: "Si tuviera un Polster sería capitán general. Yo me considero muy capacitado para entrenar en Primera, pero sé que mi imagen está deteriorada por cómo me expreso".
Vidal cree que la profesión está en buenas manos: "Me gusta Schuster. Recurre a todo, incluso a las marrullerías. Mi Murcia le sacó 22 puntos a su Xerez, pero no pudo ganarle. Él sabía que nosotros éramos más rápidos y nos rompía el ritmo. Me tenía desesperado y tocándome la cara le dije: 'Te la pisas'. Como futbolista era una máquina. Yo le sufrí cuando estaba en el Atlético. ¡Cómo cambiaba el juego! ¡Cómo se ofrecía! ¡Qué pases daba! Hubo un momento en que decidí sentarme en el banquillo sólo para admirarle".
Emery.
De los recién llegados le impresiona Emery: "El Almería está muy trabajado. Se dice que la defensa se organiza y que el ataque se improvisa. Yo creo que el ataque también se entrena. Y se ve en el Almería. Al final, un equipo es el reflejo de su entrenador". Y remata con Lotina, su ayudante en Logroño: "Le ha ido bien jugar con tres centrales. A veces un cambio de ubicación resulta". Y entonces recuerda un angustioso Sevilla-Cádiz, que ganó por 0-1: "Defendíamos en el área pequeña. Estábamos tan agobiados que me metí en el campo. Brito me dijo que me expulsaría y yo me justifiqué: 'Es que no me hacen ni caso'. Gané dos minutos". Vidal, no obstante, distingue entre patrones de clubes grandes y pequeños. "El timón de un equipo de Segunda se puede mover con dos dedos, pero entrenar al Madrid es como llevar el Queen Mary".
Toca hablar de jugadores. De los actuales no admite discusión: "El mejor central de España es Sergio Ramos. ¡Qué futbolista!". De los pasados apetece hablar de arte. "Mágico González era un jugador técnicamente extraordinario. Manejaba la pelota mejor que Maradona. Una vez Superpaco le retó en el lanzamiento de una falta durante un entrenamiento. Le puso una barrera de siete y Mágico la colocó en la escuadra. Paco le dijo que había sido casualidad y que le regalaba su coche si era capaz de repetirlo. Mágico volvió a posar la pelota y entonces se la metió por su palo. Atacaba al balón muy arriba y no se le iba nunca. Ahora, defendiendo era un peligro. Yo no le quería en nuestro área porque era capaz de ponerse a regatear". La disciplina tampoco era lo suyo: "Podía pasar quince días sin venir a entrenar. Siendo segundo técnico, Joanet me mando a su casa. Cuando llegué, su mayordomo le estaba enjabonando en la bañera. Pero en Cádiz le adoran. Era un artista". Otro genio, Pintinho: "Iba a entrenar con su perro. Y vaya lametones que le pegaba a Mejías...". Y el mejor nueve, Hugo Sánchez: "En los entrenamientos del Rayo le poníamos 29 centros y metía 27. Él quería hablar en las charlas tácticas. Sólo dejé que lo hiciera un día y durante dos minutos. Repitió lo que yo había dicho antes". También guarda buenos recuerdos de Sarabia, "aunque una vez, en Burgos, le cambié a los diez minutos. Perdíamos 1-0 y ganamos 1-2".
Futbolistas de ayer que no son tan diferentes a los de hoy: "El año pasado salían algunos en el Elche. Ahora, no. Los futbolistas son privilegiados, han hecho de una ilusión su profesión sin pasar por la universidad y ganan mucho dinero. Mi hija tiene tres carreras y es mileurista. Alguna vez, antes de entrenar, he hecho a mis jugadores mirar al cielo y les he dicho: 'El sol lleva ahí las mismas horas que vuestros padres o hermanos en el trabajo. Así que ahora, a correr'. Y les recuerdo que yo llevo cuarenta años viviendo de esto como un rey
". Abrimos las puertas del Club de los Iluminados, a un autentico genio de los banquillos, ya se pueden ir preparando nuestros futbolistas, ¡Bienvenido amigo del mar!

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6 comentarios:

El criticooo dijo...

¿Este os ha salido barato eh? Jajaja

Señor x dijo...

Nos ha salido muy barato comparado a su enorme sabiduria y corazon jeje saludo.

Fútbol AGM dijo...

Me parece injusto el trato que algunos medios le dan a este hombre, ridiculizándolo y ninguneándolo como si fuera un don nadie

Señor x dijo...

Comparto tu opinion amigo,los genios ya lo tienen esto,son incomprendidos, porque son unos adelantados a su tiempo, es un gran Iluminado, saludos.

Topitxuelis dijo...

Akí en el Lleida tuvimos la suerte de disfrutarlo, kizás no sea un gran entrenador, pero desde luego es un auténtiko iluminado.

Señor x dijo...

buen dato bandol, lastima que ni un Iluminado pueda con ese desastre de club que es el Lleida.